TILA: AL MENOS SIETE AÑOS DENTRO DEL PODER MUNICIPAL Y EL MUNICIPIO SIGUE ESPERANDO GOBIERNO
NEISER HERNÁNDEZ: AÑOS DENTRO DEL PODER Y TILA SIGUE ESPERANDO GOBIERNO
COLUMNA DE OPINIÓN | CHIAPAS EN LA MIRA
Neiser Hernández López no llegó a Tila desde fuera ni puede presentarse como un político que apenas está descubriendo los problemas del municipio.
Antes de convertirse en presidente municipal ya formaba parte de la estructura del Ayuntamiento. La Auditoría Superior del Estado lo ubicaba desde 2019 como director de Obras Públicas Municipales de Tila. Hoy encabeza la administración 2024-2027. Es decir, su relación con el poder municipal no comenzó cuando recibió la constancia de mayoría: viene de años atrás.
No son todos esos años como alcalde.
Pero sí son años suficientes dentro del aparato municipal para saber perfectamente qué municipio recibió.
Conocía los caminos.
Conocía las comunidades.
Conocía la pobreza.
Conocía el conflicto de la cabecera.
Conocía las disputas internas.
Conocía a los grupos políticos.
Conocía la debilidad institucional.
Y también conocía el problema de seguridad.
Por eso resulta demasiado cómodo gobernar Tila como si todo hubiera comenzado en octubre de 2024.
Neiser Hernández no heredó un municipio desconocido. Heredó un municipio del que él mismo ya formaba parte institucionalmente.
Y ese detalle cambia completamente la discusión.
Porque Tila no enfrenta un solo problema.
En Tila se mezclan pobreza, abandono, conflictos agrarios, grupos políticos, cacicazgos locales, organizaciones comunitarias, grupos armados, intereses económicos y una autoridad municipal que durante años ha tenido enormes dificultades para ejercer plenamente el gobierno en todo su territorio.
Eso no empezó con Neiser.
Pero ahora le corresponde enfrentarlo.
Y para eso pidió el cargo.
UN MUNICIPIO DONDE EL MIEDO VACÍO LAS CALLES
En junio de 2024 Tila llegó a las noticias nacionales e internacionales por una escena que debería perseguir políticamente a cualquier autoridad que pretenda decir que allí existe normalidad.
Durante varios días hubo disparos, incendios, saqueos y ataques. Miles de personas abandonaron sus viviendas. Reuters documentó que alrededor de cuatro mil habitantes huyeron, mientras residentes denunciaron extorsiones y amenazas relacionadas con grupos delictivos. Associated Press también reportó más de cuatro mil desplazados después de ataques de hombres armados.
Eso es mucho más que inseguridad.
Es pérdida de control territorial.
Es una población que deja su casa porque ya no confía en que alguien pueda protegerla.
Es la derrota práctica del Estado cuando una familia considera más seguro abandonar todo lo que posee que permanecer en el lugar donde nació.
Sería injusto responsabilizar personalmente a Neiser Hernández de aquella explosión de violencia.
Pero tampoco sería serio fingir que era un ciudadano ajeno a la administración.
Cuando Tila explotó, Neiser ya había pasado años dentro de la estructura municipal.
Y meses después pidió gobernarlo.
Por eso ahora la vara debe ser más alta.
No basta con asistir a una Mesa de Paz.
No basta con tomarse la fotografía acompañado de militares, Guardia Nacional, Guardia Estatal o funcionarios estatales.
El propio Ayuntamiento presume actualmente reuniones y actividades de coordinación en materia de seguridad. Eso demuestra que existe presencia institucional y coordinación. Pero precisamente porque esas reuniones existen, la pregunta debe ser todavía más exigente: ¿esa presencia se ha convertido ya en tranquilidad cotidiana para las comunidades?
Porque la seguridad no se mide en fotografías alrededor de una mesa.
Se mide cuando alguien puede abrir su negocio sin miedo.
Cuando puede circular de noche.
Cuando un campesino puede llegar a su parcela.
Cuando una familia no tiene que abandonar su vivienda.
Cuando ningún grupo, organización, cacique o persona armada puede imponer reglas por encima del gobierno.
Ahí está el verdadero examen de Neiser Hernández.
LOS GRUPOS DE PODER: EL OTRO GOBIERNO DE TILA
Hablar de Tila únicamente como un problema policiaco sería simplificarlo.
El municipio arrastra desde hace décadas una complicada disputa por territorio, representación y autoridad. Investigaciones académicas sobre la zona ch’ol han descrito precisamente la existencia de relaciones de poder, violencia política y confrontaciones alrededor del territorio y las instituciones.
Y después llegaron nuevos actores.
En marzo de 2025 volvió a aparecer públicamente la palabra que ningún presidente municipal quiere escuchar asociada a su gobierno:
ingobernabilidad.
Tras la detención de ejidatarios, integrantes de una organización comunitaria armada difundieron acusaciones contra autoridades y grupos delictivos y denunciaron extorsiones, venta de drogas y cobros. El medio que documentó aquellas declaraciones también señaló la confrontación entre grupos rivales identificados en la zona. Se trata de acusaciones que deben investigarse y que no pueden darse automáticamente por acreditadas, pero políticamente muestran algo muy preocupante: hay sectores de la población que no reconocen que el gobierno tenga el monopolio efectivo de la seguridad y de la autoridad.
Ahí está uno de los grandes problemas de Tila.
Durante demasiado tiempo pareciera que existen varias capas de poder al mismo tiempo.
La del Ayuntamiento.
La ejidal.
La comunitaria.
La de antiguos grupos políticos.
La de líderes locales.
La de organizaciones que controlan territorio o capacidad de movilización.
Y, en los peores momentos, la de hombres armados.
Cuando varios poderes compiten en el mismo municipio, el alcalde puede conservar el título, la oficina, la nómina y el presupuesto.
Pero eso no necesariamente significa que tenga el control político real.
Y gobernar no consiste solamente en administrar recursos: consiste en ejercer autoridad legítima.
Ese es el desafío que Neiser todavía tiene enfrente.
Porque si un grupo puede cerrar caminos, otro imponer condiciones, otro amenazar habitantes y otro disputar territorialmente las decisiones públicas, entonces el presidente municipal debe explicar hasta dónde llega realmente su gobierno.
POBREZA: LA OTRA VIOLENCIA DE TILA
Pero hay algo que normalmente queda escondido detrás de las fotografías de patrullas y conflictos armados:
la pobreza.
Tila no solamente ha sufrido violencia política y territorial.
También carga con un rezago social histórico.
Estudios basados en información del CONEVAL han ubicado a Tila entre los municipios indígenas con mayores niveles de pobreza y pobreza extrema. El propio CONEVAL ha documentado la fuerte concentración de pobreza municipal en Chiapas y otros estados del sur del país.
Y eso debe colocarse en el centro de cualquier evaluación política.
Porque una comunidad pobre es también una comunidad especialmente vulnerable a los grupos de poder.
Cuando faltan empleos, caminos, educación, servicios, oportunidades y presencia institucional, alguien ocupa ese vacío.
A veces lo ocupa un cacique.
A veces una organización política.
A veces una estructura clientelar.
A veces un grupo armado.
A veces quien tiene dinero suficiente para comprar voluntades.
La pobreza no explica ni justifica la violencia.
Pero el abandono crea condiciones para que otros poderes crezcan donde el Estado desaparece.
Y allí debería estar otra de las preguntas para Neiser Hernández:
después de tantos años vinculado al Ayuntamiento, ¿qué transformación estructural puede presumir Tila?
No una calle.
No un techado.
No una pavimentación aislada.
No una fotografía entregando apoyos.
Hablamos de transformación.
¿La gente tiene mejores ingresos?
¿Existen oportunidades para los jóvenes?
¿Las comunidades tienen caminos transitables permanentemente?
¿Hay agua?
¿Hay servicios?
¿Hay condiciones para producir y comercializar?
¿Hay policías capacitados y confiables?
¿Hay instituciones que funcionen?
Porque mientras la pobreza siga siendo utilizada como escenario para repartir programas, despensas, láminas, empleos temporales o pequeños beneficios, también continuará existiendo terreno fértil para el viejo sistema político del favor:
yo te doy, tú me apoyas.
Eso no es desarrollo.
Eso es dependencia política.
UN AYUNTAMIENTO QUE TODAVÍA HABLA DE “SEDE ALTERNA”
Hay un dato aparentemente pequeño que dice muchísimo sobre la historia reciente de Tila.
En pleno 2026, la página oficial del Ayuntamiento continúa colocando como domicilio institucional:
“Sede Alterna El Limar, Tila, Chiapas”.
La palabra importa.
Alterna.
Más de una década de conflictos alrededor de la cabecera y todavía la institución municipal carga hasta en su dirección oficial la huella de aquella ruptura.
Por supuesto que resolver un conflicto histórico de esa magnitud no depende solamente del alcalde.
Pero precisamente por eso resulta absurdo actuar como si todo estuviera resuelto porque existe una agenda de eventos municipales.
Tila requiere reconstrucción política.
No únicamente obra pública.
Reconciliar comunidades.
Recuperar confianza.
Fortalecer policías.
Transparentar recursos.
Reducir intermediarios.
Evitar que grupos políticos privados decidan sobre asuntos públicos.
Generar empleo.
Combatir pobreza.
Garantizar caminos y servicios.
Y reconstruir algo todavía más difícil:
la confianza de la gente en su gobierno.
EL PODER QUE VIENE DEL PODER
Y aquí aparece otra cuestión incómoda.
Neiser Hernández no es una figura nueva en la administración pública municipal.
Los registros oficiales lo colocaban en Obras Públicas desde 2019. Después avanzó hasta la Presidencia Municipal.
Por eso su gobierno también debería demostrar que no significa simplemente la continuidad de las mismas estructuras políticas bajo un nombre distinto.
En agosto de 2025 aparecieron señalamientos públicos de habitantes por presuntos abusos alrededor de obras y decisiones municipales. Como cualquier denuncia, deben corroborarse y quienes fueron señalados tienen derecho de respuesta.
Pero políticamente el tema de fondo permanece:
¿quién toma realmente las decisiones en Tila?
¿El presidente?
¿El Cabildo?
¿Viejos liderazgos?
¿Grupos económicos?
¿Organizaciones territoriales?
¿Exfuncionarios?
¿Los dirigentes que controlan comunidades?
Esa respuesta no puede obtenerse mediante un boletín oficial.
Se obtiene observando quién recibe contratos, quién controla políticamente las regiones, quién coloca funcionarios, quién decide las obras y quién tiene acceso permanente a la Presidencia.
Porque existen municipios donde cambia el alcalde cada tres años, pero el poder nunca cambia de manos.
Y Tila merece saber si está frente a una nueva administración o simplemente frente a otra etapa de una misma estructura.
NEISER NO PUEDE DECIR QUE NO SABÍA
Esa posiblemente sea la parte más dura para el alcalde.
Neiser Hernández no puede presentarse como alguien que llegó y encontró inesperadamente un desastre.
Él ya estaba ahí.
Estaba cuando había pobreza.
Estaba cuando existían las fracturas políticas.
Estaba cuando el Ayuntamiento funcionaba desde una sede alterna.
Estaba mientras crecían las tensiones.
Conocía a quienes gobernaban.
Conocía la administración.
Conocía Obras Públicas desde dentro.
Y ahora conoce la Presidencia Municipal desde la silla principal.
Tiene a su favor algo que otros alcaldes no tendrían: experiencia interna y conocimiento del territorio.
Pero esa ventaja también se convierte en responsabilidad.
Después de tantos años alrededor del gobierno municipal ya no puede pedir tiempo para conocer los problemas.
Los conoce.
Lo que falta saber es si puede resolverlos.
Tila no necesita otro administrador de la crisis.
Necesita gobierno.
Necesita seguridad sin grupos paralelos.
Necesita autoridad sin cacicazgos.
Necesita política social que rompa la pobreza y no que la administre.
Necesita obra pública que conecte comunidades y no solamente produzca fotografías.
Necesita transparencia.
Necesita instituciones.
Y necesita que la Presidencia Municipal sea realmente el gobierno de todos y no una pieza más dentro de la disputa entre los distintos grupos de poder.
Neiser Hernández tiene hasta 2027 para demostrarlo.
No con discursos.
No con propaganda.
No con una Mesa de Paz más.
Con resultados.
Porque después de tantos años dentro de la estructura municipal, la pregunta ya no puede ser cuánto conoce Neiser Hernández de Tila.
La conoce perfectamente.
La verdadera pregunta es:
¿CUÁNTOS AÑOS MÁS ALREDEDOR DEL PODER NECESITA NEISER HERNÁNDEZ PARA QUE TILA DEJE DE SER SINÓNIMO DE POBREZA, MIEDO, GRUPOS DE PODER E INGOBERNABILIDAD?
@ChiapasEnLaMira
