PERO SUS PROTEGIDOS SIGUEN: TRABAJADORES EXIGEN LIMPIEZA EN EL ICHEJA
La salida de Sergio David Molina Gómez de la Dirección General del Instituto Chiapaneco de Educación para Jóvenes y Adultos no puede convertirse en un simple cambio de nombre en la oficina principal. Si realmente comenzó una nueva etapa en el ICHEJA, también deben revisarse los nombramientos, las denuncias laborales y las presuntas redes de protección que permanecieron intactas durante su administración.
El nuevo director general, Adier Nolasco Marina, recibió una institución marcada por cuestionamientos internos y señalamientos sobre el manejo de recursos públicos. Su nombramiento ya aparece en el directorio oficial del Gobierno de Chiapas y fue confirmado por el propio instituto.
Ahora enfrenta una primera prueba en Cintalapa.
Trabajadores adscritos a la Coordinación de Zona 0702 revivieron un oficio presentado desde el 8 de abril de 2026, en el que solicitaron la destitución de la coordinadora Jimena Aranda Nieto. La denuncia acusa presuntos abusos de autoridad, nepotismo, ausentismo, uso indebido del vehículo oficial, desconocimiento de las funciones del cargo y deficiencias en la conducción de los programas educativos.
No se trata de una inconformidad reciente ni de una reacción improvisada por el cambio de director. El documento fue presentado cuando Sergio David Molina todavía encabezaba el ICHEJA. La pregunta es por qué, después de varios meses, no se conoce públicamente el resultado de una investigación administrativa ni una respuesta de fondo a los trabajadores.
Los denunciantes sostienen que Jimena Aranda no tendría el perfil ni la capacidad necesarios para dirigir una coordinación encargada de combatir el analfabetismo y el rezago educativo. Aseguran que no acude regularmente a las oficinas, que el personal debe buscarla para obtener firmas y que buena parte de su actividad pública se desarrolla en reuniones, recorridos, cafeterías y espacios de promoción personal.
También señalan que habría utilizado la estructura institucional para construir presencia política y buscar posicionarse como aspirante a la Presidencia Municipal de Cintalapa.
El asunto es especialmente delicado porque el ICHEJA no es una oficina destinada a repartir cargos políticos. Su función es atender a personas que no pudieron concluir la educación básica, algunas de ellas en comunidades indígenas, rurales y con altos niveles de marginación.
Por eso resulta contradictorio que quienes coordinan estos programas sean cuestionados por su preparación, su redacción, su ortografía y su conocimiento de los modelos educativos. La alfabetización exige personal capacitado, no únicamente personas con relaciones políticas.
LA SALIDA DE SERGIO DAVID NO CIERRA EL CASO
La versión oficial sostuvo que Sergio David Molina dejó el cargo por decisión propia para emprender otros proyectos. No existe, hasta ahora, una resolución pública que establezca oficialmente que fue destituido por un desvío de recursos.
Sin embargo, su salida ocurrió en medio de publicaciones que señalan un presunto quebranto superior a 110 millones de pesos durante su gestión. Esa cifra ha sido difundida por medios y páginas informativas, pero deberá ser sustentada por auditorías, denuncias y resoluciones de las autoridades competentes antes de presentarse como un hecho plenamente acreditado.
Precisamente por eso Adier Nolasco no debe limitarse a ocupar el despacho y continuar con los mismos funcionarios.
Debe informar si existen auditorías, procedimientos internos, observaciones financieras o denuncias administrativas relacionadas con la gestión anterior. También debe aclarar si revisará los nombramientos otorgados por Sergio David Molina y bajo qué criterios se mantendrá o removerá a los coordinadores de zona.
La permanencia de Jimena Aranda ya no depende de Sergio David. Depende del nuevo director.
En instituto debe investigar si existen elementos que acrediten ausencias, utilización irregular de recursos, nepotismo, abuso de autoridad o incumplimiento de funciones, la consecuencia no puede ser otra fotografía institucional ni una llamada de atención privada.
Debe haber responsabilidades.
EL ICHEJA NO PUEDE ENSEÑAR A LEER MIENTRAS SE NIEGA A LEER LAS DENUNCIAS
Esa es la contradicción central.
Una institución dedicada a la educación de jóvenes y adultos recibió un oficio de sus propios trabajadores y, durante meses, aparentemente no encontró la capacidad para atenderlo públicamente.
El ICHEJA pretende enseñar a leer, pero sus autoridades no pueden seguir fingiendo que no han leído las denuncias.
Adier Nolasco Marina tiene la oportunidad de demostrar que su llegada significa algo más que una sustitución política. Puede revisar el oficio, escuchar directamente al personal de Cintalapa, verificar asistencias, bitácoras vehiculares, firmas, comisiones, resultados educativos y posibles conflictos de interés.
También debe garantizar que los trabajadores denunciantes no sufran represalias.
Porque una investigación interna controlada por las mismas personas señaladas solamente serviría para prolongar la impunidad.
Jimena Aranda tiene derecho a responder y presentar pruebas sobre su desempeño. Pero los trabajadores también tienen derecho a que sus acusaciones sean investigadas, no archivadas por conveniencia política.
El nuevo director debe decidir qué institución quiere encabezar: una que protege nombramientos heredados o una que evalúa capacidades, resultados y responsabilidades.
SERGIO DAVID MOLINA YA DEJÓ LA DIRECCIÓN, PERO ¿ADIER NOLASCO TAMBIÉN HEREDARÁ SUS SILENCIOS, SUS PROTECCIONES Y SUS FUNCIONARIOS CUESTIONADOS?
