CUANDO EL SÍNODO OCUPA EL LUGAR DE LA SUSTENTANTE Y DE LA INVESTIGACIÓN

 CUANDO EL SÍNODO OCUPA EL LUGAR DE LA SUSTENTANTE Y DE LA INVESTIGACIÓN

Chiapas | 30 de julio de 2026
@ChiapasEnLaMira

SEGUNDA PARTE

La discusión dejó de centrarse en la investigación para concentrarse en quienes integraban el sínodo. En esta segunda parte respondemos los últimos argumentos de la postura hecha pública tras nuestra primera columna.

  1. «LA UNIVERSIDAD ES UN ESPACIO DE PLURALIDAD»

La universidad es un espacio de pluralidad. Pero no todos los espacios de la universidad son iguales.

En un seminario, un coloquio o una clase, todavía existe margen para debatir, disentir o cuestionar. Incluso ahí pueden presentarse jerarquías y docentes que pretendan imponer su punto de vista. Pero un examen de grado es distinto: quien sustenta sabe que frente a ella está el jurado que decidirá el resultado de su evaluación. Una puede pararse e irse cuando quiera. La otra no puede ni fruncir el ceño sin arriesgar el resultado. Esto lo sabe cualquiera que haya presentado un examen de grado.

Por eso la pregunta sigue siendo la misma: ese día, ¿fueron sínodo o protagonistas?

Son dos papeles y no se ocupan al mismo tiempo. Un jurado que llega caracterizado toma para sí la atención que le corresponde a quien sustenta, y lo hace desde el lugar de mando, frente a alguien que no puede decir nada sin arriesgarse. Eso no es pluralidad: es asimetría. Cuando quien tiene el poder de calificar decide además qué tan «plural» se va a poner el ambiente, la pluralidad ya no es de todas. Es de quien manda.

Alguien dirá: no fue en demérito de la sustentante; fue con ella, fue en complicidad. Concedamos, por un momento, esa premisa. Cuando una persona tiene poder sobre otra, la intención no basta para definir el significado del acto. Lo que quiso decir no manda sobre lo que el gesto significa. Eso lo enseña el propio posgrado.

Si el disfraz hubiera estado acordado con la sustentante, lo habrían dicho desde la primera línea. No se escriben cinco argumentos sobre libertad académica y reglamentos para explicar algo que se pactó entre todas.

  1. «UNA COSA ES EL GUSTO PERSONAL Y OTRA EL INCUMPLIMIENTO INSTITUCIONAL»

Este es el argumento más viejo del manual institucional: no hubo falta formal, entonces no pasó nada. Y es, palabra por palabra, lo que la tesis de esa tarde desmonta durante cuatro capítulos.

La violencia institucional casi nunca rompe el reglamento. Se acomoda dentro de él. Aparece como ambiente, como gesto, como broma, como «así es aquí». Nada que quepa en un oficio.

Ampararse justo en eso no niega el señalamiento. Lo ilustra.

Y ni siquiera hay vacío normativo: existen denuncias ante la Contraloría y ante la Dirección de Derechos Humanos, Género e Inclusión. Mientras eso siga abierto, decir que todo se reduce a una opinión estética no es defenderse. Es dictar la resolución antes que la autoridad.

¿Y LA SUSTENTANTE?

Mucha defensa tipo fandom de las disfrazadas. Ni una sola mención de la única persona que ese día tenía algo en juego.

Un examen de grado tiene una protagonista, y no es quien pregunta. Es el único día en toda una maestría en que la sala le pertenece: dos años de trabajo, siete entrevistas levantadas entre enero y mayo de 2025, y un hallazgo que nadie ha comentado. Porque esa tesis encontró varias cosas, por ejemplo algo muy concreto: en el organigrama oficial de los hospitales, las estudiantes y las pasantes de enfermería no aparecen. No existen en el papel. La autora tuvo que dibujar un organigrama propio para poder ubicarlas.

Las jóvenes que sostienen buena parte del trabajo de un hospital público en Tuxtla no figuran en la estructura que las manda. Ese es el hallazgo: una realidad que merece visibilizarse y transformarse. Pero, en lugar de discutir ese aporte, todavía se opta por defender el disfraz y el protagonismo de quienes ocuparon el lugar que correspondía a la sustentante y a su investigación.

Quienes hoy defienden el gesto lo hacen sin decir su nombre, sin citar una página de su tesis, sin rescatar un solo hallazgo. La usan como argumento, no como autora.

NADIE EXENTA

Hay una premisa que no se escribe, pero atraviesa los cinco argumentos: si somos feministas y académicas, aquí no puede haber abuso de poder.

Sí puede. Y ocurre.

El abuso de poder no depende de la ideología. Depende de la posición que una persona ocupa frente a otra. Aparece donde alguien decide sobre otra: en una empresa, en un sindicato, en una parroquia, en un partido, en una redacción, en una asamblea de barrio y en un posgrado de estudios feministas. Ninguna causa, por justa que sea, inmuniza frente al abuso de poder. Las jerarquías no preguntan qué bandera trae quien las ocupa. Nadie exenta.

El feminismo lo sabe mejor que nadie, porque lleva medio siglo discutiéndolo puertas adentro: quién habla por quiénes, quién decide qué es feminismo y qué no, quién publica, quién dirige tesis y quién las presenta. Esas discusiones existen precisamente porque ninguna corriente feminista está exenta de reproducir relaciones de poder.

Y en este caso ni siquiera hace falta traer teoría de fuera. Está en la tesis que ellas dirigieron y leyeron.

Ahí, citando a María Luisa Femenías, se explica que la violencia simbólica entre mujeres opera como una tecnología de control horizontal, donde la competencia y el resentimiento reemplazan la solidaridad y terminan reproduciendo las mismas estructuras patriarcales que las subordinan. Y no es una idea suelta: la tesis usa esa frase justo para explicar qué le pasó a una enfermera que presentó un oficio de inconformidad y quedó aislada por sus compañeras durante años. Es decir, para explicar qué le ocurre a la mujer que señala a otra mujer con más jerarquía.

En las conclusiones lo dice con todas sus letras: a las pasantes de enfermería las maltratan médicos y médicas por igual, porque lo determinante no es el sexo de quien agrede, sino el escalón que ocupa.

Esa es la respuesta, y la escribió la sustentante.

Se puede ser feminista y abusar del poder. Se puede tener razón en la causa y equivocarse en el acto. Reconocerlo no debilita al feminismo: es lo que lo separa del dogma. Lo que sí lo debilita es reclamar una excepción cuando el señalamiento apunta hacia adentro, porque una crítica que no se aplica a sí misma deja de ser crítica.

Ese día había una protagonista. No era el sínodo. Era la sustentante y la investigación que defendía.

¿NO ES HORA DE VOLVER A LO ESENCIAL Y RECORDAR QUE UN EXAMEN PROFESIONAL EXISTE PARA EVALUAR LA INVESTIGACIÓN Y GARANTIZAR EL RESPETO AL ESPACIO DE QUIEN SUSTENTA?

Chiapas en la Mira

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