MIENTRAS ÉL VIAJABA A PASARELAS, ELLAS ESPERABAN SU DINERO: ARTESANAS TSOTSILES ROMPEN SEIS AÑOS DE SILENCIO
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MIENTRAS ÉL VIAJABA A PASARELAS, ELLAS ESPERABAN SU DINERO: ARTESANAS TSOTSILES ROMPEN SEIS AÑOS DE SILENCIO
San Cristóbal de Las Casas, Chiapas | 4 de agosto de 2026
@ChiapasEnLaMira
Durante seis años, catorce artesanas tsotsiles de Aldama y San Juan Chamula cargaron con promesas incumplidas, llamadas sin contestar, mensajes ignorados y el miedo de hablar.
Este lunes hicieron algo que durante años parecía imposible: entraron a una institución de justicia, relataron lo ocurrido en su propia lengua y denunciaron formalmente a Alberto López Gómez por los presuntos delitos de abuso de confianza y fraude.
Llegaron con temor. Para varias era la primera vez que pisaban una oficina encargada de procurar justicia. No conocían los procedimientos ni el lenguaje jurídico con el que se integran las investigaciones.
Pero no estuvieron solas.
Las mujeres fueron escuchadas por la fiscal de Justicia Indígena, Floralma Gómez Santiz. Un grupo de intérpretes las acompañó para que pudieran comunicarse en tsotsil y explicar con claridad cómo entregaron sus textiles, qué pagos les prometieron y por qué transcurrieron seis años sin recuperar el dinero de su trabajo.
No acudieron únicamente con testimonios.
Presentaron recibos, documentos de crédito, compromisos de pago y otros elementos que, según las denunciantes, respaldan la entrega de las prendas y una deuda cercana a los 600 mil pesos.
Después de seis años sin recibir el pago, las artesanas también exigen un interés mensual del dos por ciento. Este porcentaje forma parte de su reclamación por el tiempo durante el cual Alberto López Gómez, aseguran, dejó de responder llamadas y mensajes.
Durante seis años lo buscaron.
Durante seis años esperaron una fecha, un abono o una explicación.
La respuesta nunca llegó.
LES HABLÓ EN TSOTSIL Y SE GANÓ SU CONFIANZA
De acuerdo con las denunciantes, Alberto López Gómez se acercó a ellas hablándoles en tsotsil. Les decía que eran pobres, que él contaba con contactos y que podía comercializar sus textiles en mercados donde alcanzarían mejores precios.
Les habló con amabilidad y se ganó su confianza.
Las artesanas entregaron blusas, vestidos, huipiles y otras piezas en las que habían invertido hilos, materiales, semanas de trabajo y conocimientos transmitidos por generaciones.
En las comunidades indígenas, la palabra no es un recurso publicitario. Representa un compromiso.
Ellas creyeron en esa palabra.
El dinero, según denuncian, nunca llegó.
Lo señalado no se limita a una deuda entre un intermediario y sus proveedoras. Las mujeres acusan un posible aprovechamiento de su confianza, de sus condiciones económicas, de la barrera lingüística y del desconocimiento de los procedimientos legales.
DOCUMENTOS PARA IMPEDIRLES HABLAR
La denuncia incluye un señalamiento que debe ser investigado con particular atención.
Las artesanas aseguran que Alberto López Gómez les hacía firmar documentos mediante los cuales presuntamente se les prohibía hablar, conceder entrevistas o hacer pública la situación. También les habría advertido que, si incumplían esas condiciones, podían terminar en la cárcel.
¿Qué contenían realmente esos escritos?
¿Se les explicó en tsotsil lo que firmaban?
¿Comprendían sus alcances?
¿Recibieron copias?
¿Fueron utilizados para intimidarlas e impedir que reclamaran públicamente?
Las mujeres no guardaron silencio porque hubieran renunciado a su dinero. Callaron porque temían que los documentos pudieran utilizarse en su contra y porque desconocían qué ocurriría si acudían ante una autoridad.
Ese temor prolongó durante años una situación que hoy finalmente llegó ante la justicia.
ÉL VIAJABA; ELLAS SEGUÍAN ESPERANDO
Mientras las artesanas buscaban una respuesta, Alberto López Gómez participaba en pasarelas, exposiciones y presentaciones realizadas en distintas partes de México y Estados Unidos, algunas con apoyo o acompañamiento de dependencias gubernamentales.
En esos espacios se presentaba como bordador y construía una narrativa alrededor de la supuesta ruptura de los roles tradicionales: las mujeres en casa, los hombres en el campo y él como una excepción por dedicarse al bordado.
Es un discurso repetido y desgastado que no refleja la diversidad existente dentro de las comunidades.
En distintos pueblos de Chiapas existen mujeres y hombres que bordan, tejen y trabajan el telar de cintura. La elaboración textil no pertenece exclusivamente a un género ni comenzó cuando una persona decidió utilizarla como parte de su imagen pública.
Es un conocimiento comunitario, familiar e intergeneracional.
Hay bordadoras y bordadores. Hay tejedoras y tejedores de telar de cintura. Hay familias completas que participan en la elaboración de una prenda, aunque al momento de llegar a una pasarela el reconocimiento suela concentrarse en una sola persona.
La contradicción es indignante.
Mientras Alberto López Gómez recibía espacios, reconocimiento y posibilidades de viajar, las mujeres que presuntamente elaboraron las piezas continuaban esperando su pago.
Mientras él hablaba ante instituciones y públicos internacionales, ellas llamaban y enviaban mensajes sin obtener respuesta.
Mientras las prendas podían venderse en pesos, dólares o euros, las artesanas sobrevivían en sus comunidades sin recibir el dinero producido por sus propias manos.
¿QUÉ REVISARON LAS DEPENDENCIAS?
Las instituciones que respaldaron viajes, exposiciones o presentaciones también deben explicar qué revisiones realizaron antes de brindar ese apoyo.
¿Verificaron quién elaboraba realmente las prendas?
¿Preguntaron cuánto recibían las artesanas?
¿Comprobaron que existiera una relación comercial justa?
¿O únicamente financiaron la pasarela, la promoción y la fotografía institucional?
Promover el arte indígena no consiste en colocar prendas sobre una pasarela y acompañarlas con un discurso sobre identidad.
También implica reconocer a las personas que las elaboran, revisar las condiciones de comercialización y evitar que el beneficio económico quede en manos de intermediarios mientras las comunidades continúan en condiciones de precariedad.
Detrás de cada prenda había mujeres comprando hilos, dedicando semanas al bordado y confiando en que recibirían el pago prometido.
No había solamente un nombre sobre una pasarela.
EL PRIMER PASO PARA QUE OTRAS HABLEN
Las denunciantes sostienen que habría más artesanas afectadas por operaciones similares. Algunas todavía podrían permanecer en silencio por temor, vergüenza o desconfianza hacia las instituciones.
Por eso, la decisión de estas catorce mujeres puede marcar un punto de partida.
Cuando una artesana observa que otra fue recibida, escuchada en tsotsil y acompañada durante la presentación de su denuncia, el miedo comienza a disminuir.
Después pueden aparecer otros testimonios, recibos, documentos y compromisos incumplidos.
Las mujeres ya hicieron visible lo que durante seis años permaneció escondido.
Ahora la responsabilidad corresponde a la Fiscalía General del Estado y a su titular, Jorge Luis Llaven Abarca. No basta con recibirlas o integrar un expediente. Se requiere investigar, revisar cada documento, garantizar intérpretes durante todo el procedimiento y determinar si existen más personas afectadas.
Alberto López Gómez tiene derecho a ofrecer su versión y defenderse dentro del proceso. Pero ese derecho no elimina la obligación institucional de investigar las acusaciones de abuso de confianza y fraude.
Si los recibos, documentos de crédito, testimonios y demás elementos confirman los hechos denunciados, deberá responder ante la justicia y pagar lo que debe, junto con los intereses reclamados por las artesanas.
Durante seis años, ellas esperaron mientras él viajaba.
Hoy dejaron de esperar.
Entraron con miedo, hablaron en tsotsil y alzaron la voz.
La pregunta ahora es si la justicia actuará con la firmeza necesaria para que el dinero producido por sus manos llegue finalmente a sus hogares.
