LYSETTE LAMEIRO: CUANDO EL MICRÓFONO TERMINA HACIENDO LA EVALUACIÓN
LYSETTE LAMEIRO: CUANDO EL MICRÓFONO TERMINA HACIENDO LA EVALUACIÓN
Chiapas | 18 de agosto de 2026
@ChiapasEnLaMira
La entrevista a Lysette Raquel Lameiro Camacho deja algo mucho más interesante que la discusión sobre TikToks, recorridos y reforestaciones: cuando intenta explicar qué hace al frente del Instituto de Administración Pública de Chiapas, sus propias respuestas terminan exhibiendo desorden, evasivas y una preocupante falta de claridad sobre la institución que dirige.
Y lo más revelador es que prácticamente no necesita interpretación.
Basta seguir sus respuestas.
Le preguntan por qué utiliza las redes institucionales para actividades como reforestación, cuidado de áreas verdes y visitas a colonias.
Lameiro responde:
«Como institución educativa, nos queda muy bien porque tenemos que promover también la participación y la educación de la ciudadanía: que no tiren basura, que cuiden sus áreas verdes, que reforestemos. Es parte de la educación también y por eso me compete.”
Lameiro encontró una fórmula bastante cómoda para ampliar las funciones del Instituto de Administración Pública de Chiapas:
si algo puede llamarse “educación”, entonces le compete.
Reforestar, recoger basura, cuidar áreas verdes, visitar colonias, embellecer la ciudad… todo cabe.
Con semejante criterio, al Instituto de Administración Pública de Chiapas solamente le falta adoptar camellones y organizar jornadas para enseñar a barrer banquetas.
Porque nadie cuestiona que plantar árboles sea positivo.
La pregunta es otra:
¿QUÉ TIENE QUE VER TODO ESO CON LA FUNCIÓN SUSTANTIVA DE PROFESIONALIZAR A LAS Y LOS SERVIDORES PÚBLICOS?
Y justamente se lo preguntaron.
¿Cómo contribuye esto a la profesionalización de los servidores públicos?
Lameiro respondió:
“Pues muchísimo.”
Uno esperaría que la directora del Instituto de Administración Pública de Chiapas hablara entonces de competencias profesionales, capacitación, gestión pública, evaluación, desempeño institucional, indicadores, programas o resultados.
Pero no.
Su explicación fue:
“Porque das la alarma para que también ellos se integren a esta participación ciudadana, a esta integración de la reforestación, del embellecimiento de la ciudad.”
¿“Das la alarma”?
¿“Integración de la reforestación”?
La titular de un organismo dedicado a la profesionalización tuvo enfrente una pregunta elemental sobre la relación entre sus actividades y la misión institucional, y terminó enredada entre alarmas, árboles, participación ciudadana y embellecimiento urbano.
A este paso, ni Obdulia, maestra de preescolar colocada al frente de la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales, anda tan activa con la reforestación como Lameiro desde el Instituto de Administración Pública de Chiapas.
Y ahí está precisamente lo absurdo: la responsable de profesionalizar servidores públicos parece más empeñada en explicar la reforestación que en demostrar cómo está profesionalizando a quienes trabajan en el gobierno.
El árbol, sabe dónde están sus raíces. Del Instituto de Administración Pública de Chiapas, después de escuchar a su directora, ya no queda tan claro.
La entrevistadora preguntó.
Lameiro se encargó sola del resto.
Porque una cosa es defender una actividad complementaria y otra no conseguir explicar con claridad cómo esa actividad contribuye al objeto central de la institución que se dirige.
Y entonces llegó una pregunta más.
¿La exposición constante de su imagen a través de las redes oficiales puede interpretarse como promoción personal?
Lameiro respondió:
“Seguramente, seguramente se puede malinterpretar también aquella persona que nada más se queda en un escritorio y que no sale al territorio.”
Desde ese “seguramente, seguramente se puede malinterpretar”, Lameiro prácticamente se contestó sola.
Porque cuando alguien comienza reconociendo que algo “se puede malinterpretar”, por lo menos sabe que existe una línea que ya se cruzó.
La pregunta era sobre promoción personal en redes institucionales.
Pero Lameiro respondió con “territorio”.
Y ahí se le salió algo más de lo que quizá pretendía decir.
Se puede mentir a cualquiera, adornar una respuesta, cambiar el tema o envolverla en lenguaje institucional.
Lo difícil es engañarse a un@ mism@: tarde o temprano, el lenguaje traiciona.
Le preguntan por su imagen y habla de salir.
Le preguntan por promoción y responde con territorio.
Le preguntan por redes oficiales y termina justificando su exposición.
No respondió. Se defendió.
Y eso dice bastante. Porque podía explicar cuáles son los criterios para utilizar las cuentas institucionales, qué límites existen para la aparición de su titular, cuáles son los objetivos de comunicación y qué resultados justifican esa estrategia.
No lo hizo.
Eligió: territorio, presencia y exposición.
Además, la entrevista deja otra impresión difícil de ignorar: por momentos Lameiro no parece escuchar completamente lo que se le pregunta. Responde desde la defensa, se atropella y cambia el eje de la conversación.
Para encabezar una institución dedicada precisamente a la profesionalización del servicio público, resulta cuando menos paradójico.
Porque alrededor suyo debe haber personas con experiencia en administración pública, comunicación, derecho y gestión. La asesoran o simplemente no se deja asesorar?
Y aclaremos algo. El problema nunca ha sido salir al territorio.
Hay funciones públicas que requieren trabajo de gabinete: estudio, análisis, revisión documental, elaboración de programas, planeación, evaluación y toma de decisiones.
Hay otras que requieren presencia en campo.
Y existen responsabilidades mixtas.
La administración pública exige saber cuándo corresponde cada cosa.
Administrar una institución no consiste en caminar frente a una cámara para demostrar que se trabaja.
Ni tampoco sentarse frente a documentos significa que alguien no trabaje.
El problema es otro: confundir territorio con escaparate.
Porque una cosa es realizar trabajo de campo cuando las funciones institucionales lo requieren y otra convertir cada recorrido, cada árbol, cada colonia y cada actividad en contenido donde la imagen de quien dirige adquiere protagonismo permanente.
Y sí, directora: también se puede trabajar en gabinete o en territorio sin convertir cada actividad pública en una sesión fotográfica.
Pero el naufragio verbal continuó…
Lameiro soltó otra pequeña joya:
“Si haces, está bien. Y si no haces, también está bien… Mejor hay que hacer.”
Magnífico estándar para una institución que habla de profesionalización.
Si haces, está bien.
Si no haces, también.
Entonces, ¿para qué indicadores?
¿Para qué metas?
¿Para qué evaluaciones?
¿Para qué perfiles?
¿Para qué medir resultados?
“Mejor hay que hacer” puede funcionar como frase motivacional.
Como explicación sobre administración pública resulta bastante pobre.
Porque administrar no significa simplemente “hacer”.
Significa determinar qué debe hacerse, por qué corresponde hacerlo, bajo qué atribuciones, con qué recursos, mediante qué planeación, con qué objetivos y cuáles fueron los resultados.
Y entonces llegó la pregunta que terminó cerrando el círculo.
Le preguntaron directamente si el cumplimiento del perfil también debe exigirse a los titulares.
Lameiro respondió:
«“También para titulares.”»
Y después pronunció la frase que puede terminar persiguiendo a su propia gestión:
“El titular que no cumpla con el perfil o que no lleve a bien encomienda su gestión, pues se va para afuera.”
Perfecto.
Entonces que se aplique la doctrina Lameiro a Lameiro.
¿Cumple Lysette Raquel Lameiro Camacho con el perfil idóneo para encabezar el Instituto de Administración Pública de Chiapas?
¿Su gestión acredita resultados suficientes para afirmar que ha llevado correctamente la encomienda?
¿Cuántos servidores públicos han sido efectivamente profesionalizados durante su administración?
¿Cuántos ayuntamientos?
¿Cuáles son las metas?
¿Cuáles son los indicadores?
¿Cuáles son los resultados medibles?
¿Y cuánto de la actividad institucional corresponde verdaderamente a profesionalización y cuánto se ha convertido en recorridos, videos y exposición de su titular?
Aquí ya ni siquiera hace falta buscar un criterio externo para evaluarla. Lo estableció ella misma.
Y también estableció la consecuencia:
“Se va para afuera.”
A partir de ahí, la discusión deja de ser sobre TikToks, árboles o recorridos.
Pasa a ser sobre algo mucho más serio: perfil, resultados, trato al personal, uso de recursos públicos y permanencia en el cargo.
Porque alguien la nombró, alguien debe evaluar su desempeño y alguien decide sostenerla.
Y aquí entra de lleno la responsabilidad del gobernador Eduardo Ramírez Aguilar, porque pese a todo el desgaste, los cuestionamientos y lo que ya se ha exhibido públicamente sobre la gestión de Lysette Lameiro, fue su administración la que la invitó y es su administración la que la sigue sosteniendo.
Y hay un dato que vuelve todavía más incómodo el asunto: la propia hija de Lysette Lameiro escribió públicamente en un comentario en Chiapas En La Mira que su madre está en el cargo porque es amiga del gobernador.
Así las cosas.
Y qué lamentable que el costo de sostener a un personaje con semejantes cuestionamientos no lo pague una amistad ni lo absorba un grupo político.
Lo paga la ciudadanía.
Lo paga con presupuesto público.
Lo paga con una institución que debería estar dedicada a profesionalizar servidores públicos y que termina arrastrando cuestionamientos, desgaste y una conducción que cada vez cuesta más defender.
Y todavía están los señalamientos de trabajadores y extrabajadores sobre presunto maltrato laboral, regaños, decisiones verticales, temor a contradecir y despidos.
Son acusaciones que deben documentarse y, cuando corresponda, investigarse por las instancias competentes.
Pero tampoco deberían barrerse debajo de la alfombra.
Porque el presupuesto no es de Lameiro.
Las redes institucionales no son de Lameiro.
Y los trabajadores tampoco.
Todo se paga con recursos públicos.
La ironía final la puso ella misma:
“El titular que no cumpla con el perfil o que no lleve a bien encomienda su gestión, pues se va para afuera.”
Y para llegar hasta aquí, solo bastó dejarla hablar.
La pregunta queda servida:
¿QUIÉN SE ATREVE A APLICARLE LA DOCTRINA LAMEIRO A LAMEIRO?
Agradecimiento a Chiapas Sin Censura y al trabajo periodístico de Verónica Vega, cuya entrevista permitió conocer de viva voz estas declaraciones.
