LA PAZ SEMÁNTICA COMO ESTRATEGIA EDUCATIVA EN UN ESTADO EN CRISISE

 LA PAZ SEMÁNTICA COMO ESTRATEGIA EDUCATIVA EN UN ESTADO EN CRISISE

l pasado 30 de abril, Día del Niño, la Secretaría de Educación de Chiapas regaló una noticia que nadie pidió, pero que —por el contenido— alguien llevaba tiempo ideando en el escritorio: a partir de esa fecha, las tradicionales bandas de guerra escolares pasarán a llamarse, por decreto oficial, bandas de paz.La lógica detrás de esta iniciativa —firmada por el secretario Roger Adrián Mandujano Ayala— es tan sencilla como preocupante: si cambiamos las palabras, cambiamos la realidad. Una fórmula infalible que ha demostrado resultados… al menos en discursos, comunicados y otros géneros de ficción gubernamental.El acuerdo, publicado en el Periódico Oficial No. 038 del miércoles 30 de abril de 2025, promete una revolución semántica: desde los uniformes hasta los nombres de los toques marciales, todo será resignificado. Adiós a los términos “bélicos”, bienvenidos los acordes “armoniosos”. El tambor no marchará más; ahora, fluirá en son de convivencia.Es un gesto tan simbólicamente pulcro como prácticamente inútil.Porque mientras se ordena a las escuelas eliminar connotaciones marciales, muchas de ellas permanecen cerradas no por el redoble de un tambor, sino por el eco de problemas mucho más reales. Aulas sin maestros. Comunidades sin transporte escolar. Estudiantes que no escuchan música, sino otras formas de estruendo. Pero eso sí: las bandas ya no serán “de guerra”. La paz, al menos en el papel, ha sido declarada.Hay que reconocerlo: el secretario Mandujano Ayala ha logrado lo que pocos. Que por unos días, la conversación pública girara en torno a los tambores y no a los conflictos estructurales que enfrenta la educación chiapaneca.Y no es un hecho aislado. Es el mismo secretario que silenció públicamente la tragedia de los preparatorianos accidentados en un transporte escolar sin condiciones mínimas de seguridad. El mismo que viralizó la coreografía de El Librito, con uno que otra bufona. Y ahora, nos presenta esta “joya” semántica como política educativa. Una línea de continuidad preocupante.Así, en lugar de anunciar mejoras en infraestructura, apoyos a docentes o estrategias reales para proteger a estudiantes en zonas sensibles, el gobierno optó por una política de cosmética lingüística, decorada con palabras como “armonía”, “madre naturaleza”, “resignificación” y “cohesión social”. La paz, al parecer, comienza por el diccionario.Y aunque uno quisiera pensar que todo es parte de una sofisticada sátira, no lo es. Es política pública.Chiapas es prueba de que, si algo va mal, aún puede ir peor, sobre todo cuando las soluciones se reducen a modificar el lenguaje, en lugar de enfrentar la realidad.COLOFÓNY a todo esto… ¿qué pasa con el poder legislativo? ¿De verdad diputadas y diputados van a seguir aprobando este tipo de ocurrencias por unanimidad, como si no merecieran ni una pregunta? ¿Ni un “¿en serio?” desde la curul? ¿Tan resignado está el Congreso local a funcionar como mesa de validación de cualquier iniciativa, por absurda que sea?¿De verdad no queda una sola voz con sentido común en el recinto? ¿Nadie va a decir que el problema en las escuelas no son las palabras, sino el crim3n 0rganizad0, la precariedad, el abandono?¿Alguien ahí?#ChiapasEnLaMira#ChiapasEnLaMiraNoticias#ChiapasEnLaMiraInforma#EducaciónEnCrisis#GobiernoDePapel#SiAlgoVaMalAúnPuedeIrPeor#RogerAdriánMandujanoAyala#PazSemántica#PoderLegislativoAusente

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