GABY SE MURIÓ CO

 GABY SE MURIÓ CO

GABY SE MURIÓ COMO SE HAN MUERTO TANTOS OTROS: EN SILENCIO INSTITUCIONAL, BAJO LA GESTIÓN DE MAGDALENA OBDULIA TORRES ABARCA

Por @ChiapasEnLaMira | Tuxtla Gutiérrez, Chiapas, 26 de agosto de 2026

El ZooMAT publicó un boletín precioso. Habla de “años de recuerdos”, de “dignidad hasta el final”, de una jaguarcita que nació ahí, creció ahí y dejó tres crías. Es un texto pensado para que lloremos, no para que preguntemos. Y ahí está el problema: no dice de qué murió Gaby con precisión clínica, no dice desde cuándo sabían que su salud era irreversible, no dice si se pudo hacer algo antes, y sobre todo, no dice que Gaby no es la primera ni será la última víctima de un zoológico que lleva años acumulando cadáveres bajo el mismo discurso de “hicimos todo lo posible”.

Vayamos a los hechos que el comunicado prefiere no mencionar. Según reportes previos del propio ZooMAT, Gaby padecía una enfermedad renal crónica diagnosticada desde junio, y en julio los estudios ya detectaban una alteración inmunológica en sus células sanguíneas que agravaba su pronóstico. Es decir: la institución sabía, desde hace meses, que esta despedida era cuestión de tiempo. Lo que el boletín llama “partida” fue, en realidad, un desenlace anunciado que se comunicó con cuentagotas y en el tono más conveniente para la imagen pública del zoológico.

Y aquí es donde la historia deja de ser sobre una sola jaguar y se convierte en un patrón. En abril de 2025, medios locales documentaron que en el ZooMAT murieron al menos ocho venados golpeándose contra una malla electrificada por no haberse adaptado al cautiverio. En esas mismas semanas se reportó la muerte de varias nutrias —la última, “Cri-Cri”, en diciembre de 2024—, además de un quetzal que murió tras ser atacado por un tlacuache que entró por una malla rota que, según trabajadores, ya había sido reportada sin que nadie la reparara. Un reporte adicional documentó que, desde 2018, la cifra de nutrias fallecidas bajo custodia del zoológico ascendía a por lo menos seis, con más ejemplares en estado crítico. Sumado a la muerte de otro jaguar en septiembre de 2025, recién decomisado por la Profepa, la lista de decesos bajo esta administración ya no cabe en la categoría de “causas naturales” que tanto repite el discurso oficial.

Trabajadores del propio zoológico, bajo anonimato por miedo a represalias, han señalado directamente fallas veterinarias, mallas rotas sin reparar y omisiones que se repiten caso tras caso. También ha trascendido que, apenas meses después de que Magdalena Obdulia Torres Abarca llegó a la Secretaría de Medio Ambiente e Historia Natural, alrededor de 60 trabajadores denunciaron despidos masivos e injustificados dentro de la dependencia, en un movimiento que debilitó justo al personal con más experiencia y antigüedad en el manejo de la fauna. ¿Coincidencia que las muertes se hayan acumulado en el mismo periodo en que se vació de experiencia al equipo que debía evitarlas?

La pregunta que Torres Abarca no ha respondido con claridad es simple: ¿cuántos animales han muerto en el ZooMAT bajo su gestión, con qué causas documentadas, y qué medidas concretas —no discursivas— se han tomado para que dejen de repetirse? Porque un boletín con emojis y palabras bonitas no reemplaza una necropsia pública, no repara una malla rota, no revive a un quetzal ni a ocho venados, y desde luego no le devuelve la vida a Gaby. Mientras Magdalena Obdulia Torres Abarca siga administrando el ZooMAT como si fuera una oficina de relaciones públicas y no una institución responsable de vidas silvestres, cada nueva muerte seguirá siendo, más que una tragedia natural, la consecuencia directa de una gestión que prefiere despedirse de los animales antes que rendirle cuentas a la ciudadanía por cómo los dejó morir.

Chiapas en la Mira

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