DE LA TÓMBOLA A LA DOCILIDAD: GUILLERMO SANTIAGO CAMBIA DE DISCURSO PARA BUSCAR TUXTLA
GUILLERMO SANTIAGO: DE LA TÓMBOLA Y EL “NI A LA ESQUINA” A LOS ABRAZOS CON EL PODER
Guillermo Rafael Santiago Rodríguez entró por primera vez a la Cámara de Diputados en 2015 gracias a una tómbola de Morena.
No es un apodo inventado por sus adversarios.
Fue el mecanismo mediante el cual su partido sorteó candidaturas plurinominales. Tenía 22 años cuando su nombre salió favorecido y obtuvo un lugar en San Lázaro sin haber ganado una elección directa.
La suerte le abrió la puerta.
La estructura de Morena se encargó de que no volviera a cerrarse.
Después fue director general del Instituto Mexicano de la Juventud durante casi todo el sexenio de Andrés Manuel López Obrador. En 2024 regresó a la Cámara de Diputados, ahora sí mediante el voto, como representante del Distrito 9 federal de Tuxtla Gutiérrez.
Ese triunfo debe reconocerse.
Pero también debe colocarse en su contexto: Guillermo Santiago compitió bajo las siglas de un movimiento que arrasó electoralmente en Chiapas, impulsado por las candidaturas de Claudia Sheinbaum y Eduardo Ramírez Aguilar.
La tómbola lo presentó.
Morena lo sostuvo.
Y ahora él quiere convencer a Tuxtla de que todo fue producto de un liderazgo propio.
DE LA SUERTE AL PROYECTO PERSONAL
Guillermo Santiago ya no se comporta únicamente como diputado federal.
Recorre colonias, visita ejidos, aparece en bardas, multiplica su presencia en redes y habla de los problemas de Tuxtla con una frecuencia que difícilmente puede separarse de la sucesión municipal de 2027.
Formalmente, todavía no es candidato.
En los hechos, su posicionamiento ya comenzó.
El diputado tiene derecho a recorrer el distrito que representa. También debe mantener contacto con la ciudadanía. El problema aparece cuando resulta difícil distinguir entre el trabajo legislativo, la representación popular y la construcción anticipada de una candidatura.
¿Qué gestión concreta realiza durante cada recorrido?
¿Qué recursos utiliza?
¿Quién paga las bardas y la propaganda?
¿Quién integra los equipos que lo acompañan?
¿Cuánto tiempo dedica a legislar y cuánto a posicionarse para el siguiente cargo?
Guillermo todavía no termina la diputación para la que fue elegido y ya parece estar buscando la manera de dejarla por otra candidatura.
La curul federal corre el riesgo de convertirse en trampolín.
CUANDO LA TÓMBOLA NO GARANTIZÓ RESULTADOS
La primera experiencia legislativa de Guillermo Santiago tampoco dejó una huella proporcional a las oportunidades que recibió.
Durante la LXIII Legislatura, entre 2015 y 2018, presentó 20 iniciativas. De acuerdo con una revisión realizada a partir del Sistema de Información Legislativa, solamente una fue aprobada, mientras 16 fueron desechadas.
Presentar iniciativas no es suficiente.
Cualquier legislador puede registrar documentos, pronunciar discursos y llenar sus redes sociales con fotografías desde San Lázaro. El trabajo político también consiste en construir acuerdos, defender propuestas y conseguir que se conviertan en leyes.
En su actual periodo ha presentado iniciativas sobre derecho al luto, movilidad segura para las mujeres, violencia contra estudiantes universitarios, protección al consumidor, agua en asentamientos irregulares y otros temas. Es legítimo reconocerlo. Varias permanecen en proceso legislativo y tendrán que evaluarse por sus resultados, no por los boletines que produzcan.
La pregunta sigue abierta:
¿Qué beneficio concreto ha recibido Tuxtla por tener a Guillermo Santiago como diputado federal?
No qué publicó.
No cuántas colonias recorrió.
No cuántas veces apareció en fotografías.
¿Qué presupuesto gestionó? ¿Qué problema destrabó? ¿Qué obra impulsó? ¿Qué reforma suya ya cambió la vida de la población?
“CON EDUARDO, NI A LA ESQUINA”
La memoria política suele ser incómoda, especialmente para quienes cambian de postura según la dirección del poder.
Durante la disputa interna por la candidatura al gobierno de Chiapas, Guillermo Santiago rechazó públicamente cualquier alianza con Eduardo Ramírez Aguilar.
“Con Eduardo, ni a la esquina”, afirmó.
No lo insinuó.
No fue una frase atribuida por terceros.
El registro audiovisual existe y la declaración fue retomada por distintos medios y plataformas. Registro de la declaración
Guillermo se mostraba categórico. Quería dejar claro que con Eduardo Ramírez no caminaría ni una cuadra. La esquina representaba entonces un límite político, moral y personal.
Pero Eduardo ganó la candidatura.
Después ganó la gubernatura.
Y aquella esquina, de pronto, dejó de parecerle tan lejana.
Hoy Guillermo Santiago aparece junto al gobernador, lo acompaña en actividades públicas, reconoce su liderazgo y busca incorporarse a la llamada Nueva ERA.
El que no pensaba acompañarlo ni a la esquina ahora parece dispuesto a seguirlo hasta donde alcance la fotografía.
DE LA REBELDÍA A LA DOCILIDAD
Cambiar de opinión no es un delito.
La política exige acuerdos y las personas pueden revisar sus posiciones. Pero una cosa es rectificar con argumentos y otra guardar convenientemente el archivo hasta que alguien lo vuelva a poner enfrente.
Guillermo Santiago no ha explicado qué cambió.
¿Eduardo Ramírez corrigió aquello que lo hacía rechazable?
¿Guillermo descubrió cualidades que antes no veía?
¿Existió una reconciliación política?
¿O simplemente entendió que para competir por Tuxtla necesita acercarse al gobernador que antes despreciaba?
El cambio no ha sido discreto.
Aquel joven que hablaba con desafío ahora aparece cuidadoso, sonriente y complaciente. El tono crítico desapareció justo cuando la cercanía con el gobernador comenzó a resultar útil para sus aspiraciones.
Pasó de la negativa tajante a la cortesía abundante.
De “ni a la esquina” a buscar lugar en la misma fotografía.
De marcar distancia a comportarse con una docilidad que roza lo servil.
No parece reconciliación política.
Parece cálculo.
La dignidad duró mientras Eduardo Ramírez era un adversario. Cuando se convirtió en gobernador, Guillermo encontró razones para caminar no solamente hasta la esquina, sino alrededor de todo Palacio de Gobierno.
REPRESENTA A TUXTLA, PERO YA QUIERE GOBERNARLA
Guillermo Santiago nació en San Cristóbal de Las Casas. Eso no le impide representar ni aspirar a gobernar Tuxtla. La Constitución no exige haber nacido en la capital para competir por su Ayuntamiento.
El cuestionamiento serio es otro.
¿Conoce Tuxtla más allá de los recorridos diseñados para redes sociales?
¿Entiende sus problemas de agua, movilidad, drenaje, seguridad, crecimiento urbano, transporte y servicios públicos?
¿Tiene un proyecto municipal o solamente una estrategia de posicionamiento?
Porque caminar una colonia acompañado por cámaras no equivale a conocer una ciudad.
Escuchar durante una visita no sustituye la planeación.
Y colocar el nombre en bardas no resuelve un solo bache.
Tuxtla ya ha pagado suficiente por candidaturas construidas al amparo de una ola partidista. No necesita otro aspirante convencido de que las siglas de Morena bastan para gobernar.
DE “LA GRAN ROBADERA” A LA COMODIDAD DEL PODER
Guillermo Santiago construyó parte de su personaje político denunciando a los gobiernos anteriores y hablando de “la gran robadera”.
Era joven, confrontativo y se presentaba como una voz contra la vieja clase política.
Hoy forma parte del poder que antes decía combatir.
Ya no observa desde fuera.
Es diputado federal, representante de Morena ante el Instituto Nacional Electoral y un político con relaciones dentro de la dirigencia nacional. Ha ocupado cargos públicos durante buena parte de su vida adulta.
Por eso ya no puede seguir presentándose eternamente como el joven rebelde que lucha contra el sistema.
Él es parte del sistema.
También debe rendir cuentas.
La crítica que antes dirigía contra otros ahora debe aplicarse a su desempeño, sus aspiraciones y el uso que hace de la posición política que Morena le ha entregado.
El problema no es únicamente que haya cambiado de opinión sobre Eduardo Ramírez.
El problema es la facilidad con la que el discurso se dobla cuando el poder cambia de manos.
Antes, Eduardo no merecía ni una esquina.
Ahora merece sonrisas, reconocimientos y cercanía.
Qué afortunado resulta el descubrimiento justo cuando Guillermo busca la presidencia municipal de Tuxtla.
MUCHO RECORRIDO, POCA DEFINICIÓN
El diputado camina, abraza, escucha y posa.
Pero no dice claramente si buscará la presidencia municipal de Tuxtla.
Mantiene la ambigüedad conveniente: se promociona lo suficiente para aparecer en las mediciones, pero evita asumir abiertamente el costo de reconocerse como aspirante anticipado.
Si solamente realiza trabajo legislativo, debería transparentar las gestiones realizadas y los resultados obtenidos.
Si está construyendo una candidatura, debería decirlo sin rodeos.
Lo que no resulta aceptable es utilizar la diputación federal como plataforma permanente mientras se finge que todos los recorridos, bardas y publicaciones son simples ejercicios de cercanía ciudadana.
La política también se mide por la honestidad con la que se reconocen las ambiciones.
LA TÓMBOLA FUE EL PRINCIPIO, NO UNA CREDENCIAL ETERNA
Guillermo Santiago ya no es aquel estudiante sorprendido porque su nombre salió sorteado.
Han pasado once años.
Fue diputado federal, dirigió durante más de cinco años el Instituto Mexicano de la Juventud y volvió a San Lázaro mediante una elección.
Ha tenido tiempo, presupuesto, estructura, relaciones y oportunidades suficientes para demostrar de qué está hecho sin depender de la historia romántica del joven favorecido por el azar.
Por eso la exigencia debe ser mayor.
No basta decir que pertenece al movimiento.
No basta fotografiarse con dirigentes.
No basta recorrer Tuxtla cuando se acerca la disputa por el Ayuntamiento.
Y tampoco basta presentarse como una opción joven cuando se ha formado dentro del poder durante más de una década.
La tómbola puede explicar cómo comenzó su carrera.
No puede justificar lo que haga con ella.
TUXTLA NO ES OTRA TÓMBOLA
La presidencia municipal de Tuxtla no debería decidirse por suerte, cercanía con las dirigencias ni acomodos internos de Morena.
Tampoco debe entregarse al aspirante que pinte más bardas, publique más videos o consiga mejores fotografías caminando entre colonias.
Guillermo Santiago quiere entrar a la conversación por 2027.
Está en su derecho.
Pero antes debe explicar qué hizo con la primera oportunidad que le dio la tómbola, qué resultados dejó en el Instituto Mexicano de la Juventud, qué ha conseguido durante su actual diputación y por qué debería abandonar o utilizar ese encargo para buscar otro.
También debe explicar cómo pasó de rechazar a Eduardo Ramírez hasta para caminar una esquina a buscar ahora su cercanía política.
El diputado de la tómbola ya tuvo suerte.
Ahora le corresponde demostrar resultados y congruencia.
Porque Tuxtla no necesita otro político que cambie de discurso según quién ocupa el poder.
Necesita alguien capaz de sostener su palabra incluso cuando deja de convenirle.
