AHORA LE TOCA PAGAR A ALBERTO LÓPEZ GÓMEZ
Columna de opinión
Chiapas | 3 de agosto de 2026
@ChiapasEnLaMira
Desde muy temprano, 14 artesanas indígenas salieron de sus comunidades en Aldama y San Juan Chamula para hacer algo que durante casi seis años parecía imposible: llevar formalmente su denuncia ante una autoridad.
Dejaron sus hogares, recorrieron varias horas de camino y llegaron acompañadas de recibos, documentos y compromisos de pago. No acudieron para recibir una fotografía institucional ni para escuchar nuevas promesas. Fueron a denunciar a Alberto López Gómez por un adeudo cercano a los 600 mil pesos en prendas textiles que, según sus testimonios, elaboraron, financiaron y entregaron sin recibir el pago correspondiente.
La Fiscalía General del Estado, a cargo de Jorge Luis Llaven Abarca, proporcionó intérpretes y acompañamiento para que las mujeres pudieran declarar en su propia lengua, comprender el procedimiento y entregar los elementos que conservaron durante años.
Las artesanas agradecieron la atención recibida. Pero la atención institucional, aunque necesaria, no puede confundirse con el resultado final.
Recibir una denuncia es el comienzo. Justicia será recuperar lo que les pertenece.
Durante años, las mujeres sostuvieron que entregaron huipiles, blusas, vestidos y otras piezas para su comercialización. Mientras ellas esperaban el dinero, Alberto López Gómez acumulaba reconocimiento público relacionado con la promoción de textiles indígenas y participaba en pasarelas, encuentros culturales y eventos nacionales e internacionales.
Las creadoras permanecieron en sus comunidades.
El reconocimiento, la exposición y los reflectores fueron para otros.
Por eso este caso no puede agotarse con la apertura de una carpeta de investigación. Ahora corresponde que el Ministerio Público revise recibos, mensajes, fechas de entrega, cantidades, compromisos de pago y cualquier otro elemento presentado por las denunciantes.
También deberá definir la clasificación jurídica de los hechos y determinar si existen datos suficientes para continuar el procedimiento ante un juez o explorar alguna salida legal permitida. Cualquier acuerdo reparatorio tendría que ser aceptado por las artesanas, autorizado por la autoridad y cumplido completamente.
La denuncia no convierte automáticamente a Alberto López Gómez en responsable penal. Su responsabilidad deberá establecerse mediante una investigación y, en su caso, una resolución judicial. Sin embargo, tampoco puede utilizarse la presunción de inocencia como pretexto para retrasar las diligencias o congelar el expediente hasta que desaparezca la atención pública.
Las artesanas tienen derecho a conocer los avances, aportar pruebas, contar con asesoría jurídica y solicitar la reparación integral del daño. Esa reparación puede incluir la restitución de lo perdido y el pago de los daños que logren acreditarse.
Además de los casi 600 mil pesos, las afectadas solicitaron que se considere un pago equivalente al dos por ciento anual sobre las cantidades pendientes, debido al tiempo transcurrido.
Ese porcentaje no se concede automáticamente. Tendrá que ser analizado y sustentado jurídicamente. Pero la petición evidencia algo que no puede minimizarse: el paso del tiempo también provocó un daño.
Durante casi seis años, las artesanas no pudieron utilizar ese dinero para comprar materiales, sostener a sus familias, atender su salud, pagar estudios o continuar produciendo. Devolver hoy la misma cantidad adeudada hace seis años no borra las consecuencias económicas de haberlas privado de esos recursos.
El dinero también pierde valor.
Las oportunidades también se pierden.
Las deudas también generan consecuencias.
Ahora le toca a Alberto López Gómez comparecer, presentar su versión y responder por los documentos y señalamientos expuestos. Si la investigación acredita la deuda y una responsabilidad, deberá pagar hasta el último peso que legalmente corresponda.
Durante demasiado tiempo, el trabajo de estas mujeres quedó oculto detrás de una narrativa de éxito construida alrededor de los textiles indígenas. Quienes cortaron, bordaron, cosieron y pagaron los materiales quedaron fuera de la historia pública.
Esta vez decidieron no guardar silencio.
Salieron de sus comunidades, alzaron la voz y acudieron firmemente ante la autoridad. Llevaron documentos y dejaron claro que su identidad, sus conocimientos y su trabajo no pueden seguir utilizándose sin reconocimiento y sin pago.
Este avance tampoco habría sido posible sin la participación de quienes leyeron, comentaron y compartieron la denuncia.
Gracias a usted, lectora y lector, que ayudó a que este caso llegara a miles de personas. Gracias a quienes entendieron que compartir una denuncia documentada no es únicamente generar interacción en redes sociales: es impedir que el silencio siga protegiendo a quienes tienen mayor poder o exposición.
Hemos construido una comunidad que informa, cuestiona y acompaña.
La viralización no sustituye a la justicia, pero obliga a las instituciones a mirar aquello que durante años permaneció ignorado.
Ahora corresponde mantener la vigilancia.
No basta con haber recibido a las artesanas. No basta con haber proporcionado intérpretes. No basta con abrir una carpeta y anunciar que el caso será investigado.
La prueba institucional estará en las diligencias, los citatorios, la revisión de las pruebas, la protección de las denunciantes y la reparación del daño.
Las artesanas ya hicieron su parte.
La denuncia está formalizada.
Los documentos están en manos de la autoridad.
Ahora le toca responder a Alberto López Gómez.
Y si los hechos son acreditados, le toca pagar.
