SECUESTRAR EL ARTE ES SECUESTRAR LA CULTURA: EL CASO ANTÚN KOJTOM Y EL SILENCIO DEL MACO

 SECUESTRAR EL ARTE ES SECUESTRAR LA CULTURA: EL CASO ANTÚN KOJTOM Y EL SILENCIO DEL MACO

SECUESTRAR EL ARTE ES SECUESTRAR LA CULTURA: EL CASO ANTÚN KOJTOM Y EL SILENCIO DEL MACO

Más de cien grabados y una veintena de pinturas. Ese es el saldo, hasta hoy, de la relación entre el artista maya tseltal Antún Kojtom Lam y el Museo de Arte Contemporáneo de Oaxaca. Piezas que dejó en consignación cuando el recinto todavía era administrado por la asociación civil Amigos del MACO, y que años después —bajo una administración distinta— nadie parece poder (o querer) ubicar. La respuesta que recibió del director, según cuenta el propio artista, fue una promesa vaga: “posiblemente” haya solución en febrero del próximo año. Posiblemente. Esa palabra, en boca de una institución cultural pública, debería alarmarnos a todos.

No es un caso aislado ni una anécdota menor. El MACO viene arrastrando desde 2023 un proceso turbio de entrega-recepción, después de que el gobierno de Oaxaca rescindiera el comodato con Amigos del MACO tras años de conflicto laboral y el cierre del museo. En ese proceso se habló de alrededor de 500 obras del acervo y de faltantes que superaban las 250 piezas. Se devolvieron piezas a otras artistas que lograron acreditar su propiedad. Pero el caso de Kojtom Lam —reconocido en 2022 con la medalla Rosario Castellanos, uno de los máximos reconocimientos culturales que otorga el estado de Chiapas— muestra que la limpieza de ese desorden institucional sigue muy lejos de estar completa, y que quienes pagan el costo son, otra vez, los artistas indígenas cuyo trabajo rara vez tiene detrás un despacho de abogados que presione.

Aquí conviene preguntarse: ¿de quién es la responsabilidad cuando una institución cambia de manos? Porque esa es, precisamente, la salida fácil que ofrecen las burocracias culturales: el problema es de la administración anterior, el inventario está incompleto, la Fiscalía tiene el expediente, hay que esperar. Mientras tanto, el patrimonio de un creador —su trayectoria, no solo el valor comercial que él mismo calcula en 25 mil pesos por pieza— permanece en un limbo administrativo que ninguna autoridad parece dispuesta a resolver con la urgencia que merece.

Lo dice el propio Kojtom Lam con una claridad que debería darnos vergüenza como sociedad: secuestrar el arte es secuestrar la cultura. Un museo público que no puede rendir cuentas de lo que resguarda no es un museo, es una bodega sin garantías. Y si esto le puede pasar a un artista con medalla estatal y trayectoria reconocida, ¿qué le espera a quien no tiene ni el nombre ni el respaldo para insistir por años? La pregunta que deberíamos hacerle a la Secretaría de las Culturas y Artes de Oaxaca no es cuándo va a resolver este caso, sino por qué necesitó que se hiciera público para empezar a moverse.

¿CUÁNTAS OBRAS MÁS ESTÁN “EXTRAVIADAS” EN LOS ARCHIVOS DE INSTITUCIONES QUE PREFIEREN EL SILENCIO A LA RENDICIÓN DE CUENTAS?

Chiapas en la Mira

Posts Relacionados