DE LA TÓMBOLA A LAS “GRANDES LIGAS”: LA MEMORIA INCÓMODA DE GUILLERMO SANTIAGO

 DE LA TÓMBOLA A LAS “GRANDES LIGAS”: LA MEMORIA INCÓMODA DE GUILLERMO SANTIAGO

DE LA TÓMBOLA A LAS “GRANDES LIGAS”: LA MEMORIA INCÓMODA DE GUILLERMO SANTIAGO

COLUMNA | CHIAPAS EN LA MIRA

Chiapas | 19 de agosto de 2026
@ChiapasEnLaMira

Ahora resulta que Guillermo Santiago está en las “Grandes Ligas” de la política nacional.

Así quieren venderlo después de su participación como representante de Morena ante el INE: como un cuadro nacional, curtido en los grandes debates y sentado finalmente en la mesa donde se juega la política de verdad.

La propaganda tiene un problema: la trayectoria también se puede revisar.

Guillermo Santiago llegó por primera vez a la Cámara de Diputados en 2015 con apenas 22 años. No ganó un distrito. No derrotó a un adversario en las urnas. Su nombre salió sorteado en la tómbola mediante la cual Morena seleccionó buena parte de sus candidaturas plurinominales.

El propio Santiago contó entonces que estaba estudiando Ciencias de la Comunicación cuando recibió la llamada para avisarle que había resultado sorteado. Quedó en el número cinco de la lista de la tercera circunscripción y obtuvo así el pase a San Lázaro. 

Eso no es una descalificación: es un hecho histórico.

Y tiene todavía más importancia ahora que pretenden construir la imagen de un político que habría escalado peldaño por peldaño hasta alcanzar las famosas “Grandes Ligas”.

No exactamente.

Primero hubo tómbola.

Después hubo partido.

Después hubo gobierno.

Tras aquella diputación, Andrés Manuel López Obrador lo nombró director general del Instituto Mexicano de la Juventud, institución que encabezó entre diciembre de 2018 y febrero de 2024. El propio currículum presentado por Santiago ante el INE registra ambas etapas: diputado plurinominal de 2015 a 2018 y posteriormente director del IMJUVE. 

Y entonces aparece otra parte incómoda de la historia: el Guillermo Santiago rebelde de ayer frente al Guillermo Santiago disciplinado de hoy.

Durante años construyó buena parte de su personaje político cuestionando a quienes estaban en el poder en Chiapas. Incluso emprendió aquella gira denominada “La Gran Robadera” para denunciar al gobierno de Manuel Velasco. 

También quedó registrada públicamente aquella expresión con la que marcaba distancia de Eduardo Ramírez:

“Con Eduardo, ni a la esquina”.

Hoy la fotografía política es radicalmente diferente. Medios chiapanecos han recuperado precisamente aquella frase para cuestionar el acercamiento posterior de Santiago con quien ahora gobierna Chiapas. 

Y ahí está el punto.

Los políticos pueden cambiar de opinión. Las circunstancias cambian, las alianzas cambian y hasta los adversarios pueden terminar trabajando juntos.

Pero cuando alguien construyó capital político cuestionando a los mismos personajes con quienes después termina alineándose, la congruencia también debe formar parte de la discusión pública.

Porque resulta demasiado cómodo ser rebelde cuando otro gobierna y convertirse en institucional cuando gobiernan los propios.

También es cierto algo que sería tramposo ocultar: Guillermo Santiago ya ganó una elección.

En 2024 regresó a la Cámara de Diputados, esta vez mediante el voto ciudadano en el Distrito 9 de Tuxtla Gutiérrez. Su ficha oficial del INE confirma esa candidatura y su trayectoria previa. 

Ese triunfo cuenta.

Pero tampoco borra cómo comenzó su carrera.

Por eso, antes de proclamar que Guillermo Santiago llegó a las “Grandes Ligas”, quizá habría que hacer preguntas menos cómodas.

¿Qué peso político tendría hoy sin aquella tómbola de 2015?

¿Habría llegado al IMJUVE sin aquella primera diputación?

¿Habría construido la estructura que posteriormente le permitió competir por Tuxtla?

Y, sobre todo:

¿qué quedó del joven que cuestionaba al poder cuando finalmente encontró un lugar dentro de él?

Porque sentarse en la Herradura de la Democracia, levantar la voz contra el PRI y defender a Morena puede dar exposición nacional.

Pero defender al partido en el que se milita no convierte automáticamente a nadie en estadista.

Las “Grandes Ligas” deberían medirse también por resultados, independencia, congruencia y capacidad para sostener hoy lo que se defendía ayer.

Guillermo Santiago ya tiene cargo, micrófono y reflectores.

Lo que todavía tiene pendiente es demostrar que su carrera política es algo más que una combinación de tómbola, estructura partidista, cargos públicos y una extraordinaria capacidad para reconciliarse con el poder que antes cuestionaba.

Porque aquella frase todavía persigue la fotografía:

“Con Eduardo, ni a la esquina”.

Y varios años después, políticamente hablando, terminaron bastante más cerca que la esquina

Chiapas en la Mira

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