TUXTLA | EL AGUA NO LLEGA, PERO EL RECIBO SÍ: LA BUROCRACIA DE ÁNGEL TORRES

 TUXTLA | EL AGUA NO LLEGA, PERO EL RECIBO SÍ: LA BUROCRACIA DE ÁNGEL TORRES

#TUXTLA | EL AGUA NO LLEGA, PERO EL RECIBO SÍ: LA BUROCRACIA DE ÁNGEL TORRES

Tuxtla Gutiérrez, Chiapas | 18 de agosto de 2026
Chiapas En La Mira

Hay servicios públicos cuya ausencia se puede disimular durante algunos días. El agua no es uno de ellos.

En Ampliación Terán, vecinos de un tramo de la avenida Cuarta Sur Oriente aseguran que llevan más de dos meses sin suministro de agua potable. Dos meses abriendo la llave y encontrando aire. Dos meses resolviendo como pueden una necesidad básica.

Pero hay algo que, según denuncian, no ha fallado ni una sola vez: el recibo.

El agua no llega.
El cobro sí.

Y esa contradicción debería incomodar directamente a la administración de Ángel Torres Culebro.

Porque gobernar no consiste solamente en inaugurar calles, tomarse fotografías frente a obras o presumir rehabilitaciones. Gobernar también significa anticipar qué ocurrirá con los servicios mientras se ejecutan esas obras y, sobre todo, responder cuando algo sale mal.

Los habitantes señalan que la falta de agua comenzó en medio de los trabajos de rehabilitación vial realizados en la zona. Cuando buscaron una explicación ante el organismo operador, aseguran que la respuesta fue prácticamente lavarse las manos: el servicio se normalizaría hasta que la constructora termine y entregue formalmente la obra.

¿En serio?

¿Una familia tiene que esperar otros dos meses porque administrativamente todavía no entregan una calle?

El ciudadano no contrató a la constructora.
El ciudadano no diseñó la obra.
El ciudadano no decidió dónde excavar ni qué tubería intervenir.

Pero es el ciudadano quien termina cargando cubetas.

Ese es precisamente el problema de cierta administración pública: cuando llega la hora de presumir una obra, todos aparecen en la fotografía; cuando aparece el problema, de pronto nadie parece ser responsable.

La empresa culpa al proceso de obra.
La dependencia espera a la empresa.
El organismo operador espera la entrega.
Y el vecino espera el agua.

Una perfecta cadena de responsabilidades administrativas donde el único que no puede darse el lujo de esperar es quien necesita bañarse, lavar ropa, cocinar o utilizar el sanitario.

Más grave resulta que, de acuerdo con los vecinos, los recibos continúan llegando completos.

Aquí la lógica burocrática alcanza niveles casi admirables: no pueden garantizar que llegue el agua, pero sí pueden garantizar que llegue la cuenta.

Para cobrar no hay obra inconclusa.
Para cobrar no hay tubería dañada.
Para cobrar no hay constructora pendiente de entregar.

Ahí sí funciona el sistema.

Y la inconformidad tampoco habría comenzado ahora. Los habitantes aseguran que durante cortes registrados en marzo y abril tampoco recibieron ajustes en sus recibos.

Si estos señalamientos son correctos, la administración municipal tiene una explicación pendiente.

No basta responder que existe una obra en proceso. Una autoridad responsable tendría que explicar qué ocurrió con la red, quién tiene la obligación de corregirlo, por qué se permitió que decenas de familias permanecieran semanas sin suministro y bajo qué criterio se sigue cobrando un servicio que los usuarios aseguran no haber recibido.

Ángel Torres ha colocado la obra pública como una de las vitrinas de su administración.

Entonces también debe hacerse responsable de sus consecuencias.

Porque una calle rehabilitada pierde buena parte de su mérito si para construirla se deja sin agua durante meses a quienes viven ahí.

El desarrollo urbano no puede reducirse a cemento, banquetas y fotografías de inauguración. Debajo de esas calles existen tuberías, drenajes y servicios que sostienen la vida cotidiana.

Una obra verdaderamente bien ejecutada debería mejorar la calidad de vida, no obligar a los vecinos a almacenar agua durante semanas mientras esperan que alguien termine de ponerse de acuerdo.

Y hay una pregunta todavía más sencilla:

Si el ciudadano deja de pagar dos meses, ¿el organismo operador se queda tranquilamente esperando?

Probablemente no.

Entonces, ¿por qué el ciudadano sí tendría que aceptar durante meses un servicio inexistente y además pagarlo puntualmente?

La administración de Ángel Torres debería intervenir, revisar los cobros y ofrecer una fecha concreta para restablecer el suministro.

No dentro de “aproximadamente dos meses”.

No cuando la constructora tenga tiempo.

No cuando termine el papeleo.

Una fecha.

Porque el agua potable no es un adorno de la administración municipal.

Y mientras en Ampliación Terán continúan esperando que salga agua de la llave, hay algo que ya quedó perfectamente demostrado:

para algunas oficinas públicas, suspender el servicio puede ser complicado; suspender el cobro, jamás.

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