MORENA APUESTA AL OLVIDO: ADÁN AUGUSTO Y LOS VIEJOS OPERADORES VUELVEN PARA ORGANIZAR EL 2027
EN MORENA PASA DE TODO, PERO NO PASA NADA: ADÁN AUGUSTO Y LOS VIEJOS OPERADORES YA PREPARAN EL 2027
Chiapas | 13 de agosto de 2026
@ChiapasEnLaMira
En Morena puede pasar de todo.
Puede estallar un escándalo alrededor de un exsecretario de Seguridad señalado por encabezar una organización criminal.
Pueden aparecer investigaciones periodísticas sobre ingresos millonarios y declaraciones patrimoniales.
Puede un dirigente dejar una coordinación parlamentaria en medio de cuestionamientos.
Puede el partido prometer filtros, trayectorias impecables y cero tolerancia a la corrupción.
Al final no pasa nada.
Pareciera que Morena apuesta a que la población no tiene memoria.
Que basta dejar pasar unas semanas, cambiar de tema, mover al personaje de cargo y esperar a que el escándalo se pierda entre nuevas noticias.
Todo se olvida.
Todo se archiva.
Todo queda ahí.
Y cuando llega otra elección, los mismos personajes reaparecen como si nunca hubiera ocurrido nada.
Adán Augusto López Hernández acaba de recibir una nueva responsabilidad: coordinar los trabajos políticos y electorales de Morena en la cuarta circunscripción, integrada por Ciudad de México, Guerrero, Hidalgo, Morelos, Puebla y Tlaxcala.
No fue separado del proyecto.
No quedó fuera de las decisiones.
Fue enviado a organizarlo.
Adán Augusto carga con los cuestionamientos derivados del caso de Hernán Bermúdez Requena, a quien nombró secretario de Seguridad de Tabasco durante su gobierno y que posteriormente fue acusado de encabezar “La Barredora”.
El señalamiento contra Bermúdez no acredita automáticamente una responsabilidad penal de Adán Augusto. Eso debe quedar claro.
Pero políticamente tampoco puede fingirse que no ocurrió nada.
Un exgobernador tiene la obligación de explicar cómo llegó a la Secretaría de Seguridad un personaje que después terminó acusado de dirigir una estructura criminal. Debe aclarar qué información recibió, qué controles fallaron y durante cuánto tiempo operó esa red dentro o alrededor del gobierno.
Morena encontró una salida más cómoda: no exigirle todas las respuestas y aprovechar su experiencia como operador electoral.
La utilidad política volvió a pesar más que la rendición de cuentas.
La presidenta nacional del partido, Ariadna Montiel Reyes, llegó al cargo prometiendo que Morena no toleraría la corrupción y que sus candidaturas tendrían trayectorias impecables. Tres meses después, la conformación de sus coordinaciones territoriales muestra un partido menos preocupado por renovar sus prácticas que por conservar el poder.
Ricardo Monreal estará en la primera circunscripción.
Alejandro Peña Villa, en la segunda.
Sergio Salomón Céspedes Peregrina, en la tercera.
Adán Augusto López, en la cuarta.
Mario Delgado, en la quinta.
No es una renovación.
Es el despliegue territorial de los mismos grupos que llevan años administrando cargos, candidaturas, acuerdos y cuotas dentro del movimiento.
A Morena le gusta hablar de participación popular, pero cuando se aproxima una elección coloca sobre el territorio a operadores con poder suficiente para intervenir en negociaciones, contener disputas y revisar perfiles.
Ricardo Monreal explicó públicamente que estas coordinaciones sirven para conciliar, negociar con los aliados y revisar perfiles competitivos para gubernaturas, diputaciones y presidencias municipales.
No les llaman encargados de palomear candidaturas.
Solamente estarán cerca de quienes elaboran la lista, organizan el proceso, contienen las rebeliones y deciden qué aspirante resulta útil para mantener la unidad.
En Chiapas, la operación quedará dentro de la tercera circunscripción, encabezada por Sergio Salomón Céspedes Peregrina, actual comisionado del Instituto Nacional de Migración.
La región incluye Campeche, Chiapas, Oaxaca, Quintana Roo, Tabasco, Veracruz y Yucatán.
Es decir, el responsable de una institución federal con tareas delicadas en materia migratoria también tendrá participación en la organización electoral del partido gobernante en siete estados.
¿En qué horario será funcionario y en cuál operador de Morena?
¿Con qué personal viajará?
¿Quién cubrirá los traslados?
¿Dónde termina la responsabilidad institucional y dónde comienza el trabajo partidista?
En una entidad fronteriza como Chiapas, esas preguntas no son accesorias. El Instituto Nacional de Migración tiene suficientes problemas, denuncias y responsabilidades como para que su titular esté dividiendo atención entre la política migratoria y la construcción electoral de Morena.
Mientras tanto, Chiapas se prepara para otra temporada de reuniones, brigadas, afiliaciones, encuestas y aspirantes recorriendo municipios como si el proceso electoral no tuviera fechas legales.
Le llaman organización territorial.
Le llaman coordinación de la transformación.
Le llaman defensa del movimiento.
El nombre cambia; la operación electoral permanece.
Morena prometió separar al gobierno del partido, combatir el influyentismo y desterrar las prácticas del viejo régimen. Ahora utiliza a funcionarios, legisladores y antiguos gobernadores para organizar desde temprano la disputa de 2027.
Todo dentro de una estructura que supuestamente revisará trayectorias y evitará candidaturas cuestionables.
¿Quién aplicará esos filtros?
Los mismos que también tienen intereses, aliados y cuentas internas dentro del partido.
Adán Augusto demuestra hasta dónde llega la capacidad de Morena para reciclar a sus figuras.
Cuando un personaje se vuelve incómodo en un cargo, no necesariamente sale del sistema.
Se le mueve.
Se le reubica.
Se le entrega territorio.
Y después se presenta su experiencia como si los cuestionamientos acumulados fueran solamente ruido de la oposición.
La apuesta parece sencilla: confiar en el olvido.
Que la población deje de preguntar.
Que los señalamientos pierdan fuerza.
Que la siguiente campaña borre el escándalo anterior.
Así, los expedientes pendientes se convierten en notas viejas y los personajes cuestionados regresan convertidos en coordinadores, consejeros o defensores de la transformación.
En Morena pasa de todo, pero no pasa nada.
Los escándalos no terminan carreras.
Las contradicciones no impiden nombramientos.
Las promesas de renovación no desplazan a los viejos operadores.
Lo importante es que sepan negociar, disciplinar aspirantes y producir votos.
En Chiapas ya sabemos cómo terminan esas operaciones: candidaturas construidas desde arriba, encuestas imposibles de auditar, imposiciones presentadas como decisiones del pueblo y grupos locales peleando por conseguir la bendición del enviado nacional.
Después vendrán los discursos sobre democracia interna.
Pero el tablero ya comenzó a organizarse.
Y los encargados no son precisamente rostros nuevos.
¿CUÁNTO MÁS PUEDE RECICLAR MORENA A SUS PERSONAJES CUESTIONADOS CONFIANDO EN QUE LA POBLACIÓN OLVIDARÁ TODO ANTES DE LA PRÓXIMA ELECCIÓN?
Chiapas En La Mira
