EL PRESTIGIO, LAS PASARELAS Y LOS REFLECTORES LLEGARON A JOSS RAMÍREZ; EL NOMBRE DE QUIENES HABRÍAN ELABORADO LAS PIEZAS SIGUE SIN APARECER

 EL PRESTIGIO, LAS PASARELAS Y LOS REFLECTORES LLEGARON A JOSS RAMÍREZ; EL NOMBRE DE QUIENES HABRÍAN ELABORADO LAS PIEZAS SIGUE SIN APARECER

  • EL PRESTIGIO, LAS PASARELAS Y LOS REFLECTORES LLEGARON A JOSS RAMÍREZ; EL NOMBRE DE QUIENES HABRÍAN ELABORADO LAS PIEZAS SIGUE SIN APARECER

Tuxtla Gutiérrez, Chiapas | 5 de agosto de 2026
@ChiapasEnLaMira

Joss Ramírez, originario de Venustiano Carranza y fundador de la marca textil Catal Mx, ha llevado su nombre y sus colecciones a espacios nacionales e internacionales.

En México ha participado en Original México y su trabajo fue incluido en la exposición ¡Moda Hoy! Diseño latinoamericanx y latinx contemporáneo, del Museo Franz Mayer.

En Europa presentó una colección en París, Francia, y participó en la Asturias Fashion Week, realizada en Oviedo, España. Su nombre volvió a recibir atención por el huipil que Lila Downs lució durante la inauguración del Mundial 2026.

Las pasarelas, las exposiciones, las entrevistas y el prestigio llegaron a Joss Ramírez.

El nombre de quienes habrían elaborado algunas de las piezas sigue sin aparecer.

Maestras artesanas de Venustiano Carranza, quienes solicitaron reservar su identidad por temor a posibles represalias, cuestionan la autoría de prendas presentadas bajo el nombre del fundador de Catal Mx.

Las entrevistadas aseguran que en la región se le conoce principalmente como comerciante y promotor de textiles, no como una persona dedicada de manera constante a elaborar piezas con el nivel técnico y la complejidad de algunos trabajos exhibidos bajo su nombre.

Según sus testimonios, en distintos pedidos otras manos habrían elaborado las prendas sin recibir crédito público por su trabajo.

Promover, vender o colocar una pieza en una pasarela no convierte automáticamente a una persona en su autora. El problema aparece cuando el reconocimiento como creador se concentra en quien comercializa la prenda y desaparece el nombre de quien aportó la técnica, el tiempo y el conocimiento.

No se cuestiona el derecho de construir una marca o abrir mercados para los textiles de Chiapas.

Se cuestiona si esa marca creció sobre el trabajo anónimo de mujeres que no llegaron a las fotografías, las entrevistas ni las fichas de autoría.

MATERIALES Y FICHAS BAJO CUESTIONAMIENTO

Las artesanas también señalan posibles diferencias entre los materiales empleados en algunas prendas y los descritos en sus fichas técnicas.

Afirman que determinados hilos no corresponden a la tradición textil de Venustiano Carranza, sino que provienen de otras entidades o incluso del extranjero.

Para quienes han dedicado años al oficio, el material no pasa inadvertido. El grosor, la textura, la resistencia y la manera en que responde durante el proceso permiten reconocer su procedencia y la técnica utilizada.

Las entrevistadas sostienen que Ramírez no habría participado directamente en la elaboración de algunas piezas y que, por esa razón, no identificaría con precisión los materiales tradicionales empleados.

También aseguran que algunas prendas habrían sido presentadas con fichas técnicas que describen materiales distintos a los utilizados.

Cuando una pieza llega a un museo, una pasarela o una exposición internacional como representación de una tradición cultural, esa información importa.

El material, la técnica, la comunidad de origen y el nombre de la persona que elaboró la prenda forman parte de la obra. Omitir o confundir esos datos borra parte de su historia.

A QUIEN PIDE HILOS LE EXIGEN DEMOSTRAR; A QUIEN RECIBE PRESTIGIO, NO

En una ocasión, durante un programa municipal de entrega de hilos, artesanas y artesanos tuvieron que permanecer en las oficinas del Ayuntamiento y elaborar ahí una muestra de su trabajo.

Antes de recibir el paquete de materiales, debían demostrar frente al personal responsable que realmente sabían tejer.

En aquel momento, la medida pareció excesiva.

Muchas personas artesanas no viven exclusivamente del trabajo textil. También cultivan el campo, comercian, venden otros productos o desempeñan distintos oficios para cubrir los gastos de sus familias. Destinar parte de su jornada a una demostración significaba dejar de atender otras actividades necesarias para su sustento.

Los testimonios conocidos ahora cambian la lectura de aquella exigencia.

Comprobar quién conoce la técnica y quién elabora una prenda puede ser necesario. Lo injusto es que el rigor recaiga sobre quienes solicitan un paquete de hilos, mientras marcas, promotores e intermediarios reciben espacios institucionales, difusión y acceso a pasarelas sin que aparentemente se les exija acreditar la autoría de cada pieza.

A una artesana se le pide tejer frente a una autoridad para recibir materiales.

A quien obtiene prestigio y promoción pública, ¿quién le pregunta quién hizo la prenda?

HABLAR EN VENUSTIANO CARRANZA PUEDE COSTAR LA VIDA
Las artesanas entrevistadas explican su silencio con una palabra: miedo.

Venustiano Carranza posee una enorme riqueza cultural, pero también arrastra una historia de conflictos agrarios, disputas familiares y confrontaciones entre comunidades enteras.

Son conflictos que han pasado de una generación a otra y que han dejado personas muertas, heridas, desplazamientos, familias divididas y agravios que permanecen abiertos durante años.

Hablar en Venustiano Carranza puede tener consecuencias que van mucho más allá de perder un pedido, un apoyo o un espacio de venta.

Una acusación, una diferencia personal o un señalamiento público puede extenderse entre familias, involucrar a autoridades comunitarias y terminar en una confrontación que rebase por completo la discusión sobre una prenda.

Para una artesana, decir quién elaboró una pieza no siempre significa únicamente reclamar reconocimiento.

Puede significar enfrentarse a personas con poder económico, político, familiar o comunitario. Puede traer aislamiento, amenazas, pérdida de ingresos, exclusión de programas y represalias contra ella o su familia.

En el escenario más grave, puede poner en riesgo su vida.

Por eso, cuando las mujeres dicen que tienen miedo, no hablan de una preocupación menor.

En Venustiano Carranza, romper el silencio puede convertirse en una decisión de vida o muerte.

El silencio, en esas condiciones, no puede interpretarse como aceptación.

También puede ser una forma de sobrevivir.

Las autoridades no pueden exigir denuncias públicas sin ofrecer protección, reserva de identidad y garantías para las familias. Pedirles que hablen sin protegerlas sería exponerlas.

APROPIACIÓN DEL TRABAJO, VIOLENCIA SIMBÓLICA Y EXTRACTIVISMO CULTURAL

De comprobarse lo relatado por las artesanas, Chiapas estaría ante una posible apropiación del trabajo ajeno, violencia simbólica, extractivismo cultural y una profunda desigualdad en el reconocimiento.

Mujeres indígenas conservan las técnicas, elaboran las piezas y sostienen el patrimonio textil. Un hombre concentra los contactos, las entrevistas, las pasarelas y el prestigio.

La violencia simbólica aparece cuando ese reparto desigual se normaliza: ellas trabajan y alguien más ocupa el lugar de creador.

El extractivismo cultural ocurre cuando los conocimientos y las expresiones de una comunidad producen valor, reconocimiento y beneficios para terceros, mientras quienes los heredaron y conservaron permanecen fuera de la historia pública.

La desigualdad también está en el acceso.

Quien mantiene relaciones con instituciones, museos, medios, diseñadores y organizadores de pasarelas puede convertir una prenda en contratos y proyección internacional.

La artesana puede terminar reducida a una proveedora anónima.

El intermediario aparece ante las cámaras.

La mujer que elaboró la pieza desaparece.

EL CONTEXTO CAMBIA, EL PATRÓN SE REPITE

No es la primera vez que Chiapas En La Mira documenta un caso de esta naturaleza.

Los nombres y las circunstancias cambian, pero el patrón se parece demasiado: mujeres indígenas elaboran las piezas y conservan el conocimiento; un hombre concentra el reconocimiento, los recursos y las relaciones institucionales.

Las denuncias de artesanas contra Alberto López Gómez corresponden a otro caso y deben analizarse de manera independiente.

Sin embargo, en ambos aparecen mujeres indígenas que aseguran haber callado por miedo mientras otras personas obtenían prestigio o beneficios gracias a su trabajo.

Cuando la misma estructura se repite, ya no puede tratarse como una simple disputa entre particulares.

Chiapas podría estar frente a un sistema que convierte a las artesanas en mano de obra invisible y a los intermediarios en autores reconocidos.

El problema no termina en quién elaboró una prenda.

También importa quién tuvo la oportunidad de presentarla, quién recibió el crédito y qué instituciones ayudaron a construir ese reconocimiento.

LAS INSTITUCIONES NO PUEDEN LIMITARSE A POSAR CON LOS TEXTILES

La responsabilidad no recae solamente en quien aparece en las pasarelas.

También alcanza a las instituciones que entregan reconocimientos, financian actividades, promueven marcas y llevan piezas a exposiciones sin establecer con claridad quién las elaboró.

Marisol Urbina Matus, directora general del Instituto Casa de las Artesanías de Chiapas; Leticia Méndez Intzín, secretaria de los Pueblos Indígenas y Afromexicanos; Marian Vázquez González, secretaria de la Mujer e Igualdad de Género; Angélica Guadalupe Altuzar Constantino, directora general del Consejo Estatal para las Culturas y las Artes de Chiapas; y Segundo Guillén Gordillo, secretario de Turismo, deben explicar qué mecanismos utilizan para comprobar la autoría, la procedencia y los materiales de las piezas que promocionan.

No pueden limitarse a posar junto a los textiles ni a repetir discursos sobre identidad y orgullo chiapaneco.

El Instituto Casa de las Artesanías no debe promover una pieza sin saber quién la hizo.

La Secretaría de los Pueblos Indígenas y Afromexicanos no puede hablar de derechos colectivos mientras las creadoras del patrimonio permanecen sin nombre.

La Secretaría de la Mujer e Igualdad de Género no puede presumir autonomía económica si las artesanas trabajan detrás de marcas que concentran el reconocimiento.

El Coneculta no debe exhibir patrimonio cultural sin registrar quién diseñó, tejió, bordó, confeccionó y comercializó cada pieza.

Cuando las instituciones omiten esos datos, ayudan a sostener un sistema que reconoce a quien tiene acceso y borra a quien realizó el trabajo.

TURISMO NO PUEDE USAR EL PATRIMONIO COMO ESCENOGRAFÍA

La responsabilidad de Segundo Guillén Gordillo es directa.

La Secretaría de Turismo utiliza los textiles, los colores, los pueblos originarios y sus tradiciones para promocionar a Chiapas dentro y fuera del país.

No puede convertir ese patrimonio en propaganda mientras las mujeres que lo sostienen permanecen sin nombre y con miedo de hablar.

Promover una prenda sin preguntar quién la elaboró no es proteger la cultura.

Es utilizarla.

Presentar los textiles como atractivo turístico sin identificar a sus creadoras convierte el trabajo comunitario en escenografía institucional.

La Secretaría de Turismo debe explicar qué documentos solicita, quién revisa las fichas técnicas y cómo comprueba la procedencia de las prendas que difunde.

También debe aclarar quién verificó la autoría antes de que las piezas fueran presentadas en Original México, el Museo Franz Mayer, París o la Asturias Fashion Week en Oviedo.

Cuando una institución pública promociona una obra sin comprobar su origen, también participa en la construcción del prestigio de quien la presenta.

EL AYUNTAMIENTO NO PUEDE DEJAR SOLAS A LAS ARTESANAS

Francisco Augusto Borraz Ayar, presidente municipal de Venustiano Carranza, tampoco puede guardar silencio.

Su responsabilidad no termina en promover la riqueza cultural del municipio durante ferias, exposiciones y actos públicos.

El Ayuntamiento debe garantizar que ninguna artesana sea amenazada, excluida de programas, castigada económicamente o señalada dentro de su comunidad por reclamar la autoría de su trabajo.

No puede reducir este asunto a una diferencia privada entre artesanas, comerciantes y promotores.

Cuando una mujer teme que hablar pueda poner en riesgo su ingreso, su familia o su vida, existe un problema público que exige la intervención de la autoridad.

El gobierno municipal debe dejar claro que ninguna persona perderá apoyos, espacios de venta o beneficios por identificar quién elaboró una pieza, reclamar un pago o pedir que su nombre aparezca en una ficha técnica.

En un municipio marcado por conflictos históricos y relaciones desiguales de poder, el silencio institucional suele favorecer a quien tiene más influencia.

GOBIERNO Y MEDIACIÓN DEBE ACTUAR ANTES DEL CONFLICTO

La responsabilidad también alcanza a Dulce María Rodríguez Ovando, secretaria general de Gobierno y Mediación, y a la Delegación de Gobierno en Venustiano Carranza.

No deben esperar a que una presión se convierta en amenaza ni a que una disputa personal termine involucrando a familias y comunidades.

Su obligación es abrir canales seguros y confidenciales para que las artesanas puedan hablar sin exponerse a represalias.

Mediar no consiste en pedir silencio a quien tiene miedo para evitar un conflicto.

Consiste en protegerla frente a quienes pueden utilizar su poder político, económico, familiar o comunitario para callarla.

NO MÁS REPRESALIAS CONTRA LAS ARTESANAS

La exigencia se extiende a las autoridades ejidales y comunales, agentes municipales, representantes de barrios, organizaciones sociales, dirigencias políticas, grupos económicos y demás poderes con influencia en Venustiano Carranza.

Ninguna autoridad comunitaria debe utilizar su posición para silenciar a una artesana.

Ningún apoyo, pedido, espacio de venta o beneficio público puede condicionarse a guardar silencio.

Ninguna mujer debe ser excluida, desacreditada, amenazada o confrontada con su familia por decir quién elaboró una prenda.

Las estructuras comunitarias existen para representar y proteger a la población, no para controlar a quienes denuncian.

Los usos y las autoridades tradicionales tampoco pueden invocarse para justificar amenazas, castigos o aislamiento.

El Ayuntamiento y el Gobierno del Estado deben habilitar mecanismos confidenciales para recibir testimonios, documentar presiones y proteger a las mujeres que teman represalias.

También deben impedir que personas servidoras públicas, autoridades auxiliares, representantes comunales, operadores políticos o responsables de programas intervengan para intimidar o castigar a quienes decidan hablar.

No se les puede pedir que denuncien mientras quienes concentran el poder político, económico o comunitario permanecen protegidos.

Tampoco se puede presumir la riqueza textil del municipio mientras sus creadoras temen perder el sustento, poner en riesgo a sus familias o incluso pagar con la vida por reclamar su trabajo.

EL PATRIMONIO TAMBIÉN TIENE AUTORAS

Promover los textiles de Chiapas es necesario.

Hacerlo a costa de la invisibilidad de quienes los elaboran es inaceptable.

No se puede presumir el patrimonio indígena en discursos oficiales mientras sus creadoras desaparecen de las fichas técnicas, las entrevistas y los reconocimientos.

Mucho menos se puede exigir a una artesana que demuestre frente a una autoridad que sabe tejer para recibir un paquete de hilos, mientras a quien llega a una pasarela se le acepta como creador sin preguntar quién realizó la pieza.

El patrimonio cultural se protege reconociendo cada parte del proceso y colocando el nombre de las artesanas junto a la obra que elaboraron.

Los reflectores ya llegaron.

Falta saber a quién pertenecen realmente las manos que hicieron posible ese prestigio.

¿CUÁNTAS ARTESANAS MÁS TENDRÁN QUE HABLAR PARA QUE CHIAPAS DEJE DE PREMIAR A LOS

Chiapas en la Mira

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