¿De verdad el miedo es el problema? Una reflexión crítica al discurso de Eduardo Ramírez Aguilar
¿De verdad el miedo es el problema? Una reflexión crítica al discurso de Eduardo Ramírez Aguilar
Preocupa profundamente que, desde el pasado 8 de diciembre de 2024, durante su toma de protesta, Eduardo Ramírez Aguilar, gobernador de Chiapas, haya repetido, reformulado y enfatizado una frase que genera inquietud: «Aquí no hay derecho al miedo» o «Aquí no hay lugar para el miedo.» Que este enunciado sea pronunciado una vez podría entenderse como una metáfora desafortunada; pero que insista en usarlo como eje discursivo resulta preocupante y un mal augurio para la población chiapaneca.
El mensaje detrás de las palabras
Más allá de la forma, el fondo de estas declaraciones suscita preguntas serias sobre su origen y significado. ¿Estas palabras reflejan una convicción personal del gobernador, o son el producto de su equipo de asesores o redactores que parecen desconocer las emociones humanas y la complejidad del contexto en Chiapas? En cualquier caso, estas frases revelan una desconexión preocupante.
Decirle a la ciudadanía que no tiene «derecho» o «lugar» para el miedo no solo es irreal, sino insensible. El miedo no es una debilidad, sino una emoción humana fundamental: un mecanismo de alerta que nos protege del peligro. Ignorar esto es minimizar la importancia que esta emoción ha tenido, especialmente en Chiapas, donde las crisis sociales, la violencia y el crimen organizado han marcado profundamente la vida de sus habitantes.
El miedo como impulso de supervivencia
En Chiapas, el miedo ha sido un impulso de supervivencia. Es el miedo lo que ha llevado a familias enteras a desplazarse de sus comunidades cuando la violencia se torna insoportable. Es el miedo lo que ha permitido a muchos protegerse, tomar decisiones difíciles pero necesarias para resguardar sus vidas. En este contexto, pedirle a las personas que eliminen el miedo es una tarea imposible y, peor aún, una carga injusta sobre una ciudadanía ya vulnerable.
Y aunque el miedo pudiera eliminarse, ¿resolvería esto los problemas estructurales de Chiapas? ¿Acabaría con la violencia, la impunidad o la desigualdad? La respuesta es clara: no. En lugar de combatir el miedo, el gobierno debería combatir las causas que lo generan.
La escucha activa como base del liderazgo
Un gobernante que no desarrolla la escucha activa y la empatía carece de la capacidad para liderar. Gobernar no es un privilegio; es una responsabilidad que exige entender lo que quiere y necesita el pueblo. Como enseñan tantas lecciones de historia y literatura, la verdadera medida de un líder es su capacidad para conectar con la gente.
¿Un soliloquio o un liderazgo transformador?
Las frases del discurso del gobernador parecen más un soliloquio vacío que un compromiso real con las necesidades de Chiapas. Si Eduardo Ramírez Aguilar sigue confiando en discursos unilaterales y desconectados de las emociones y experiencias de la población, corre el riesgo de caer en un soliloquio egoico que no solo lo aislará políticamente, sino que lo llevará a perder el rumbo. Y esto no lo deseamos, porque Chiapas no merece ser nuevamente un laboratorio para aspiraciones personales ni el experimento fallido de una administración sin visión clara.
Un llamado a un enfoque multidisciplinario
Para evitar este destino, el gobernador debe rodearse de un equipo multidisciplinario que incluya expertos en seguridad, derechos humanos, psicología social, desarrollo comunitario y comunicación empática. Más aún, debe escuchar a la ciudadanía, abrir espacios reales de diálogo y construir políticas públicas que respondan a las necesidades de quienes viven y sufren las problemáticas del estado. Gobernar no es imponer un discurso; es construir soluciones en conjunto con el pueblo.
El miedo no desaparecerá con frases hechas. Lo que Chiapas necesita es un liderazgo empático y políticas públicas efectivas que ataquen las raíces del problema. Gobernador Ramírez Aguilar, y también para su gabinete legal y ampliado que se autodenomina «humanista»: el liderazgo no se mide en poder, sino en servicio.
Ya fue bastante desalentador escuchar la desconexión de la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo en su última visita a Chiapas respecto a las necesidades y urgencias de este estado y su gente. No abandone usted también a la población. Escuche al pueblo. Construya su administración sobre bases sólidas de diálogo, justicia y empatía. Transforme este momento en una oportunidad para demostrar que su gobierno no será recordado por soliloquios vacíos, sino por su capacidad para conectar, actuar y transformar. Chiapas lo merece, y su gente lo exige.
