LA MANO QUE APRIETA: NO VAN SOLO POR UNO EN CAMINOS
LA MANO QUE APRIETA: NO VAN SOLO POR UNO EN CAMINOS
Tuxtla Gutiérrez, Chiapas | 24 de agosto de 2026
@ChiapasEnLaMira
La salida de Rafael Ruiz Morales de la Comisión Estatal de Caminos podría ser mucho más que un simple relevo administrativo.
La pregunta es si realmente cayó un funcionario o si apenas comenzaron a jalar un hilo que puede terminar alcanzando a más de uno.
Porque en política la amistad sirve mientras existe confianza. Y cuando desde arriba comienzan a sospechar que esa confianza fue utilizada para construir negocios, favorecer grupos o administrar presupuestos como si fueran propios, las amistades suelen terminar muy rápido.
Ruiz Morales ya está fuera.
Ahora viene lo verdaderamente interesante: ¿por qué salió y qué encontraron para decidir que tenía que irse?
NO VAN SOLO POR UNO
La versión política que comienza a circular es mucho más incómoda que la fotografía del relevo.
Se habla de operadores, de presuntos “diezmos”, de grupos selectos de contratistas y de intereses alrededor de la obra pública.
Son señalamientos que deberán probarse documentalmente. Pero precisamente por su gravedad no pueden quedarse en rumores de pasillo, publicaciones en redes o ajustes internos del Gobierno.
Si existen indicios, que se investiguen.
Si existen contratos cuestionables, que se abran.
Si hubo operadores, que se conozcan sus nombres.
Y si alguien utilizó una posición pública para hacer negocios personales, entonces que responda.
Porque no se puede combatir una presunta red quitando únicamente al funcionario que aparece hasta arriba del organigrama.
DONDE HAY OBRA, HAY DINERO
La Comisión Estatal de Caminos no es cualquier oficina.
Por ahí pasan infraestructura, contratos, constructoras, estimaciones, supervisiones, ampliaciones, adjudicaciones y millones de pesos de recursos públicos.
Por eso cada decisión importa.
Cuando una carretera queda mal hecha, cuando una obra presenta deficiencias, cuando los costos despiertan dudas o cuando determinadas constructoras aparecen una y otra vez alrededor del presupuesto, el problema deja de ser solamente técnico.
Hay responsables que proyectan, otros que contratan, otros que supervisan, otros que autorizan y otros que pagan.
Por eso la salida de un director general no puede convertirse en el punto final.
Puede ser apenas el principio.
¿QUIÉNES ERAN LOS OPERADORES?
Aquí aparece una de las preguntas más delicadas.
Si realmente existieron personas encargadas de operar porcentajes, favorecer determinadas empresas o intervenir en la asignación de obra, ¿quiénes eran?
¿Funcionarios?
¿Personas externas?
¿Intermediarios?
¿Contratistas?
¿Quién los autorizaba y para quién operaban?
Porque un supuesto “diezmo” no se cobra solo.
Necesita alguien que lo pida, alguien que lo entregue y, normalmente, una estructura que permita que el mecanismo funcione.
Si las autoridades tienen información sobre algo semejante, no deberían conformarse con cambiar nombres en las oficinas.
Tendrían que seguir la ruta completa.
ALEJANDRA GÓMEZ RECIBE UNA DEPENDENCIA CON PENDIENTES
Y en medio de todo esto llega Alejandra Gómez Mendoza.
Su nombramiento no debería significar borrón y cuenta nueva.
Al contrario.
Si realmente quiere demostrar que llega a poner orden, una de sus primeras decisiones tendría que ser transparentar la entrega-recepción y establecer con claridad qué recibe de Rafael Ruiz Morales.
Contratos vigentes.
Obras pendientes.
Estimaciones.
Pagos.
Empresas contratadas.
Procedimientos administrativos.
Observaciones de fiscalización.
Expedientes abiertos.
Y cualquier irregularidad que pudiera encontrarse durante la revisión.
Porque resulta demasiado cómodo cambiar al titular, tomar la fotografía de la nueva funcionaria y actuar como si todo comenzara ese día.
No. Los pendientes también se heredan.
LA CONFIANZA NO ES LICENCIA PARA HACER NEGOCIOS
Este episodio también debería servir como advertencia dentro del Gobierno de Eduardo Ramírez Aguilar.
Un nombramiento público implica confianza política, pero esa confianza no significa que una dependencia se entregue para construir grupos económicos, beneficiar amigos, repartir contratos o hacer negocios personales.
Mucho menos cuando se administra obra pública.
Quien recibe una dependencia recibe temporalmente una responsabilidad del Estado, no una franquicia.
Y si alguien confundió ambas cosas, corresponde investigarlo.
Porque removerlo silenciosamente puede resolver un problema político inmediato, pero no resuelve el problema institucional.
RAFAEL YA SALIÓ; AHORA FALTA SABER POR QUÉ
La salida de Rafael Ruiz Morales ya ocurrió.
Pero todavía falta la explicación de fondo.
¿Fue solamente una decisión política?
¿Hubo pérdida de confianza?
¿Existieron irregularidades detectadas?
¿Hay investigaciones internas?
¿Se revisarán contratos y adjudicaciones?
¿Habrá responsabilidades administrativas?
¿O simplemente se cerrará la puerta, llegará una nueva titular y todos fingirán que aquí nunca pasó nada?
Ahí estará la verdadera prueba.
Porque si en Caminos hubo operadores para cobrar “diezmos”, constructoras consentidas, obras mal ejecutadas o recursos desviados para negocios personales, cambiar al titular no alcanza.
Aquí tendría que haber auditorías, expedientes, sanciones y nombres.
La confianza política no puede convertirse en patente de impunidad.
Y si ya existen evidencias circulando, el Gobierno del Estado no puede fingir que no las ha visto.
Rafael Ruiz Morales ya salió. Ahora falta saber quiénes más caen, quiénes firmaron, quiénes cobraron y quiénes se beneficiaron.
Porque donde hubo obra mal hecha, contratos cuestionados y dinero público de por medio, no basta con remover funcionarios:
hay que seguir la ruta del dinero hasta el último responsable.
¿LA SALIDA DE RAFAEL RUIZ MORALES ES EL PRINCIPIO DE UNA LIMPIEZA REAL EN CAMINOS O SÓLO EL SACRIFICIO DE UNA PIEZA PARA PROTEGER A LAS DEMÁS?
