¿QUIÉN DIRIGE REALMENTE EL SCHRTyC? SEÑALAMIENTOS INTERNOS EXPONEN VACÍO DE AUTORIDAD

 ¿QUIÉN DIRIGE REALMENTE EL SCHRTyC? SEÑALAMIENTOS INTERNOS EXPONEN VACÍO DE AUTORIDAD

Chiapasenlamira.comTuxtla Gutiérrez, Chiapas | 16 de enero de 2026

Las denuncias internas en el Sistema Chiapaneco de Radio, Televisión y Cinematografía (SCHRTyC) ya no describen únicamente un deterioro administrativo: revelan un ambiente laboral atravesado por abusos, precarización, opacidad y, sobre todo, una preocupante ausencia de conducción institucional real.

MARIO ESCOBAR: DEL PERFIL PROMETIDO AL PROBLEMA NO RECONOCIDO

Cuando se anunció su nombramiento, Mario Escobar Gálvez fue presentado como empresario de la comunicación, escritor, consultor político y exgerente de Radio IMER en Comitán.

La narrativa oficial construyó expectativas de profesionalización, liderazgo técnico y fortalecimiento del Sistema, una institución estratégica para la vida informativa y cultural del estado.En el servicio público, sin embargo, las credenciales no funcionan como blindaje automático.

Son una promesa que debe verificarse en el ejercicio cotidiano del cargo. Y es precisamente ahí donde hoy se abre una brecha cada vez más visible entre el perfil anunciado y la percepción interna del funcionamiento real del SCHRTyC.

Entre los testimonios de trabajadores persiste un señalamiento incómodo que no puede seguir ignorándose: la percepción de que el director general no estaría en condiciones óptimas para ejercer plenamente la conducción del organismo.

Una cosa es el consumo social, ocasional y responsable; otra muy distinta es cuando ese consumo adquiere rasgos problemáticos y comienza a incidir en la toma de decisiones, la presencia institucional y la capacidad efectiva de supervisión de una dependencia pública. En ese punto, el tema deja de ser privado y se convierte en un asunto de gestión pública.

Trabajadores refieren episodios de ausencia, desconexión operativa y una conducción debilitada que ha permitido que terceros concentren poder y control interno. Cuando la cabeza no ejerce plenamente su función, la institución entra en una zona de permisividad donde prosperan la discrecionalidad, los abusos administrativos y la captura interna de áreas estratégicas.La discusión no es moral ni personal.

Es funcional, laboral y presupuestal. Un directivo que no garantiza presencia, lucidez y conducción efectiva continúa percibiendo un salario financiado con recursos públicos.

El costo no solo es operativo: es fiscal y social. Cada omisión de control, cada decisión diferida y cada error administrativo terminan traduciéndose en ineficiencias que paga el erario y, por extensión, la ciudadanía.

En cualquier organización —y con mayor razón en una institución pública— los problemas no atendidos de consumo no controlado afectan al equipo de trabajo, deterioran el clima laboral, erosionan la disciplina institucional y normalizan dinámicas de improvisación y tolerancia al desorden.

Aquí surge una pregunta mayor, que trasciende a la persona: si el señalamiento es reiterado y conocido dentro del propio SCHRTyC, ¿por qué ninguna autoridad interviene, evalúa o corrige? ¿Quién supervisa realmente una institución pública tan sensible para la comunicación y la cultura del estado? La omisión también es una forma de decisión.

La vida privada es privada. Pero cuando una conducta impacta el desempeño del servicio público, el uso de recursos y los derechos laborales, la ciudadanía tiene derecho a conocer y a exigir explicaciones.

El servicio público obliga a conducirse con responsabilidad, sobriedad institucional y rendición de cuentas.Durante años, muchas prácticas se justificaron bajo la lógica del “siempre ha sido así”. Hoy esa excusa ya no alcanza.

La transparencia deja huella. Las omisiones también. Todo acto —o falta de acción— termina generando responsabilidad.La contradicción es delicada: un sistema público como el SCHRTyC exige credibilidad, precisión informativa, claridad comunicativa y responsabilidad ética.

La bohemia puede existir en la esfera personal; no puede operar como coartada para vacíos de conducción en una institución que vive de la confianza pública.La cercanía política, el compadrazgo o la identidad regional no pueden funcionar como dispensas permanentes frente a responsabilidades públicas. Llega un punto —institucional y personal— en el que la dignidad exige reconocer límites, corregir rumbos o saber retirarse con responsabilidad.

No es la primera vez que el Sistema enfrenta direcciones y estructuras marcadas por problemas no resueltos vinculados al consumo de alcohol.

La reiteración de estas prácticas ya constituye un indicador institucional que debe ser atendido con seriedad.Lo verdaderamente preocupante no es solo el señalamiento, sino su normalización.

👉🏻 ¿Usted qué opina?¿Debe la autoridad intervenir cuando existen señalamientos reiterados en una institución pública, o el silencio también es una forma de complicidad?Leemos sus comentarios.

Posts Relacionados