ELISA VILA ROBLERO: LA MADRE QUE PERDIÓ EL MIEDO Y APRENDIÓ A GRITAR JUSTICIA

 ELISA VILA ROBLERO: LA MADRE QUE PERDIÓ EL MIEDO Y APRENDIÓ A GRITAR JUSTICIA

ELISA VILA ROBLERO: LA MADRE QUE PERDIÓ EL MIEDO Y APRENDIÓ A GRITAR JUSTICIA

COLUMNA | CHIAPAS EN LA MIRA
Tuxtla Gutiérrez, Chiapas | 21 de agosto de 2026
@ChiapasEnLaMira

Hay un momento en que el miedo deja de servir.

Elisa Vila Roblero lo entendió a la fuerza.

No es periodista. No es abogada. No es activista profesional. No tiene un aparato de comunicación detrás ni asesores diciéndole qué palabra utilizar frente a una cámara.

Es una madre.

Y hace 165 días su vida cambió.

Desde entonces ha tenido que aprender algo que muchas personas en México jamás quisieran aprender: cómo denunciar, cómo grabarse con un teléfono, cómo explicar un expediente, cómo exigir una audiencia y cómo perder el miedo a señalar al poder.

Elisa comenzó con lo que tenía en las manos.

Un celular.

Ese pequeño aparato se convirtió en su cámara, en su micrófono y, muchas veces, en la única puerta que encontró abierta.

Porque cuando las instituciones no escuchan, las redes terminan convirtiéndose en ventanilla.

UNA MUJER QUE APRENDIÓ A HABLAR PORQUE CALLARSE YA NO ERA OPCIÓN

Al principio cuesta.

Lo sabemos quienes trabajamos escuchando denuncias.

La voz tiembla.

La persona pregunta si puede decir nombres.

Pregunta si puede meterse en problemas.

Pregunta si después van a ir por ella.

Pregunta si sería mejor quedarse callada.

Y no es paranoia.

Vivimos en un país donde denunciar todavía produce miedo. Donde periodistas han sido asesinados, personas desaparecen y muchas víctimas aprenden que señalar puede tener consecuencias.

Elisa también tuvo miedo.

Pero algo ocurrió.

El amor por su hijo terminó siendo más grande.

Hoy toma su teléfono y habla.

Cuenta fechas.

Menciona audiencias.

Pregunta por funcionarios.

Explica lo que ha sucedido.

Ha comenzado incluso a familiarizarse con términos jurídicos que probablemente jamás pensó necesitar.

No porque quisiera convertirse en especialista en derecho.

Porque tuvo que aprender para defender a su hijo.

LO MISMO PASÓ CON LAS MUJERES DE LOS ALTOS

Hay historias que parecen diferentes y en realidad tienen algo en común.

Durante años muchas mujeres indígenas de los Altos de Chiapas permanecieron calladas porque pensaban que nadie iba a escucharlas.

Después comenzaron a hablar.

Primero una.

Luego otras.

Artesanas de Aldama denunciaron públicamente adeudos que atribuyen a Alberto López Gómez; posteriormente otras mujeres de Chalchihuitán presentaron también señalamientos relacionados con textiles entregados y no pagados. Chiapas En La Mira ha documentado cómo distintos grupos comenzaron a romper el silencio. (Chiapas en la mira | Diario Digital⁠)

Y ahí está la diferencia que puede producir una denuncia pública:

cuando una mujer habla, otra descubre que también puede hacerlo.

Ese es el verdadero poder de perder el miedo.

El caso de aquellas artesanas todavía debe recorrer el camino de la justicia y cualquier responsabilidad deberá determinarla la autoridad correspondiente.

Pero ya ocurrió algo irreversible:

dejaron de guardar silencio.

HOY LA HISTORIA ES ELISA

Pero el caso que hoy nos ocupa tiene nombre y rostro.

Elisa Vila Roblero.

Madre de Vicente Ángel Cortés Roblero.

Vicente permanece detenido desde hace 165 días.

Su familia sostiene que estaba realizando una transmisión para su página Noticias al Día cuando documentaba un desalojo y posteriormente fue detenido.

Desde entonces han venido los trámites.

Las audiencias.

Las suspensiones.

Los escritos.

Las esperas.

Las explicaciones.

Los viajes.

Y la desesperación de una madre que siente que su versión no alcanza los escritorios donde verdaderamente se toman decisiones.

Porque uno de los grandes problemas de la burocracia es precisamente ese:

la información puede quedarse atorada abajo.

Un funcionario recibe.

Otro turna.

Otro revisa.

Otro promete informar.

Y mientras los papeles avanzan lentamente, detrás de cada expediente hay personas contando días.

Elisa lleva contando 165.

TAMBIÉN HA APRENDIDO QUE HAY ABOGADOS QUE TODAVÍA CREEN EN LA JUSTICIA

En este camino también encontró apoyo jurídico.

Y vale la pena decirlo.

Porque solemos hablar de abogados cuando cobran, cuando litigan o cuando aparecen en tribunales, pero pocas veces reconocemos a quienes deciden involucrarse en una causa porque consideran que existe una injusticia.

Quienes estudian Derecho en México realizan una protesta profesional al obtener su título o cédula conforme a las formalidades correspondientes, pero no existe un “juramento hipocrático” único y obligatorio para todos los abogados como ocurre simbólicamente con la medicina.

Sin embargo, sí existe algo mucho más profundo: la función social de la abogacía y el deber ético de defender derechos y procurar justicia.

Y todavía existen abogados que lo entienden.

Son menos visibles.

Algunos ayudan sin cobrar cuando conocen una historia y consideran que merece defensa.

Escuchan.

Revisan expedientes.

Explican.

Acompañan.

A esos abogados que siguen entendiendo que el Derecho también sirve para proteger al que no tiene dinero ni influencias, desde este espacio también hay que reconocerlos.

Sabemos que algunos nos leen.

Gracias.

Porque muchas familias no podrían enfrentar solas una maquinaria judicial que apenas comprenden.

LA LIBERTAD DE EXPRESIÓN TAMBIÉN ESTÁ EN EL CENTRO

El caso de Vicente plantea otra pregunta incómoda.

¿Qué ocurre cuando un ciudadano saca un teléfono y graba un operativo?

Grabar una actuación de autoridad realizada en un espacio público no convierte automáticamente a una persona en delincuente.

Fiscalizar al poder con una cámara forma parte de una sociedad democrática.

Y si la versión de la defensa se sostiene —que Vicente estaba transmitiendo un desalojo cuando ocurrieron los hechos que derivaron en su detención—, entonces el caso merece una revisión particularmente rigurosa.

Porque el mensaje social que podría enviarse sería peligroso:

“mejor no grabes”.

“Mejor no denuncies”.

“Mejor no transmitas”.

“Mejor no preguntes”.

Y precisamente contra ese miedo está luchando Elisa.

165 DÍAS DESPUÉS, TUVO QUE VENIR HASTA TUXTLA

Esta semana dejó Motozintla.

Dejó su casa.

Su rutina.

Su familia.

Y recorrió cientos de kilómetros hasta Tuxtla Gutiérrez para intentar ser escuchada.

No llegó con camionetas.

No llegó con operadores.

No llegó acompañada de una estructura política.

Llegó con su teléfono.

Con documentos.

Y con una petición:

que el gobernador Eduardo Ramírez Aguilar escuche el caso de su hijo.

Nada más.

Y nada menos.

CAMBIÓ EL NOMBRE DEL PALACIO, ¿PERO CAMBIARON LAS PUERTAS?

Aquí aparece una ironía imposible de ignorar.

El edificio que durante décadas fue conocido como Palacio de Gobierno hoy aparece oficialmente identificado por el propio Gobierno del Estado como Sede del Poder Ejecutivo o Sede del Gobierno del Estado de Chiapas. El directorio oficial de la administración de Eduardo Ramírez utiliza actualmente esa denominación. (Gobierno de Chiapas⁠)

La modificación buscó transmitir una idea poderosa:

que el poder no debía concebirse como un palacio.

Que el gobierno debía estar al servicio de la gente.

La intención simbólica podía ser buena.

Pero los símbolos se vuelven inútiles cuando la realidad contradice el discurso.

Porque afuera de esa sede estuvo Elisa.

Esperando.

Tratando de ser escuchada.

Y entonces surge una pregunta sencilla:

¿de qué sirve quitarle la palabra “Palacio” al edificio si para una madre las puertas siguen sintiéndose como las de un palacio?

No basta cambiar una placa.

Hay que cambiar la relación entre gobernante y ciudadano.

El propio portal estatal identifica ahí la Coordinación de Atención Ciudadana. (Gobierno de Chiapas⁠)

Entonces escuchar a una madre no tendría que convertirse en una hazaña.

“PERO SUS TEXTOS SON MUY LARGOS”

Sí.

Lo sabemos.

Algunos lectores nos dicen que nuestros textos son largos.

Y probablemente lo seguirán siendo cuando una historia lo necesite.

Porque hay casos que no caben en diez palabras.

Hay expedientes que no se explican con un meme.

Hay injusticias que necesitan contexto.

Quien solo quiera un encabezado puede leer el encabezado.

Pero quien realmente quiera entender qué sucede en Chiapas necesita detenerse unos minutos.

Esa es una de las diferencias de Chiapas En La Mira.

No únicamente publicamos.

Analizamos.

Preguntamos.

Seguimos.

Y damos espacio a quienes muchas veces no tienen otro.

YA HEMOS VISTO QUE HACER VISIBLE UN CASO PUEDE CAMBIARLO

No siempre una publicación cambia una decisión judicial.

Ni debe hacerlo.

Los asuntos legales se resuelven mediante las instituciones correspondientes.

Pero la visibilidad sí rompe algo muy peligroso:

el aislamiento.

Cuando una familia descubre que alguien la escucha, comienza otra etapa.

Ya ocurrió con otros casos que hemos acompañado desde este espacio.

Historias que parecían enterradas terminaron llegando a más personas, abogados, autoridades y organizaciones.

Los hermanos Muñoz son ejemplo de ello: su caso encontró eco, acompañamiento jurídico y finalmente recuperaron su libertad.

No fue obra de un medio.

Nunca sería serio adjudicarnos algo así.

Fue resultado de una defensa, de procedimientos legales, de familiares que no desistieron y de personas que decidieron mirar.

Pero dar voz también cuenta.

Porque lo que nadie conoce difícilmente puede generar preguntas.

ELISA YA CAMBIÓ

Pase lo que pase en las siguientes semanas, existe algo que ya no regresará a ser como antes.

Elisa perdió el miedo.

Aprendió a encender la cámara.

Aprendió a hablar.

Aprendió a preguntar.

Aprendió que un expediente puede revisarse.

Aprendió que una audiencia puede suspenderse.

Aprendió que una autoridad también debe rendir cuentas.

Y aprendió, quizá de la manera más dolorosa, que los derechos no siempre llegan solos:

a veces hay que ir por ellos.

A veces hay que caminar.

A veces hay que viajar hasta Tuxtla.

A veces hay que plantarse frente a un edificio gubernamental.

Y a veces hay que mirar directamente a una cámara y decir:

“Escúchenme”.

ESTA ES SOLO UNA PARTE DE LA HISTORIA

Hasta ahora hemos contado a Vicente.

Hoy contamos a Elisa.

Pero detrás de estos 165 días existen más personas.

Está su esposa.

Están sus dos hijos.

Está su padre.

Ellos también han vivido una detención que, aunque solamente mantiene a una persona detrás de los muros, termina castigando emocional y económicamente a toda una familia.

Sus historias también deben ser conocidas.

Y las vamos a contar.

Porque detrás de cada expediente existe una familia que no cabe en una carpeta.

Elisa Vila Roblero ya hizo lo más difícil:

dejó de tener miedo.

Ahora corresponde a las autoridades hacer algo mucho más sencillo:

escucharla.

Y quizá muy pronto este caso tenga noticias.

Ojalá sean las noticias que una madre lleva 165 días esperando.

Justicia.

Chiapas en la Mira

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